Ciudades para el Siglo XXI - Ceuta, entre dos mares




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Entre el Mediterráneo y el Atlántico, Ceuta está presidida por la colina del Hacho, fortaleza típica del siglo XIX.

Ciudades para el siglo XXI nos ofrece esta semana una visita a la ciudad de Ceuta, lugar donde conviven pasado y presente. En esta ciudad podemos encontrar una cultura muy rica que se materializa en mezquitas como la de Sidi Embarek y la de Mulei el Mehdí, una sinagoga, un oratorio hindú o la catedral, además de la popular iglesia de Nuestra Señora de África.

Ceuta siempre fue una ciudad defensiva, con una huella viva en sus murallas de diferentes épocas: califales, marinies, renacentistas, deciochescas y, sobre todo, las excepcionales murallas Reales, que reflejan el paso de la historia por sus muros.

Pero Ceuta tiene además naturaleza viva en bosques y playas, cultura recogida en el museo de la ciudad y tradición encerrada en el castillo del Desnarigado, situado en un acantilado espectacular.


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Las rutas d'Ambrosio - Ceuta, entre dos mares


https://www.rtve.es/alacarta/videos/las-rutas-de/rutas-dambrosio-ceuta-entre-dos-mares/5461515/

Una nueva ruta lleva a Gonzalo hasta Ceuta. A los pies de esta pequeña ciudad de 20 km2 se unen las aguas del Mediterráneo con las del Océano Atlántico. Aguas que ahora mismo están cruzando los atunes, la joya gastronómica de Ceuta.

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La globalización comenzó en Ceuta


Los portugueses llegaron a Ceuta y el mundo cambió. Aquel corto viaje, largamente preparado y del que ahora se conmemoran seis siglos, supuso una travesía sin vuelta atrás no sólo en la historia de la población ceutí, sino también en la de Portugal y, sin duda, en la de la Europa moderna que despertaba.
Después de años de enfrentamientos con Castilla y tras la victoria en la batalla de Aljubarrota (1385), Portugal dejó de mirar al otro lado de La Raya y puso la vista en una mar que siempre ha definido su perfil. Comenzaban los años gloriosos lusos, cuando un pequeño país aislado se convirtió en un imperio, erigido sobre sus intrépidos navegantes.
La batalla de Aljubarrota, 14 de agosto de 1385.
Eran los primeros pasos de la conocida como Era de los descubrimientos, que llevó a los portugueses por toda la costa africana e incluso a la India, al Pacífico y a Brasil. Todavía hoy Portugal se apoya en su pasado, y en sus epopeyas por los mares, para reclamar el origen de su soberanía y reivindicar su propio peso en la Europa actual.

Expansión de fronteras

"La conquista de Ceuta significó la salida del continente europeo, es decir, que todo el movimiento hacia el exterior del país se haría por el Atlántico, dejando la frontera terrestre fija donde estaba entonces. Esta salida caracterizará todas las opciones políticas hasta casi el último cuarto del siglo XX. La idea de ampliar y fijarse más allá de lo que eran las fronteras europeas se mantuvo en el imaginario colectivo y en la práctica política durante mucho tiempo", apunta Cátia Miriam Costa, investigadora del Centro de Estudios Internacionales ISCTE-IUL del Instituto Universitario de Lisboa.
Y es que, si las fronteras de lo conocido como Europa comenzaron a expandirse en el siglo XV gracias a la llegada de Portugal a Ceuta, también fueron los portugueses los que pusieron fin a la presencia europea en el exterior a través de colonias: la salida lusa de Angola y Mozambique en 1975, tras la Revolución de los Claveles, puso fin a la descolonización europea de África. Fueron los primeros en llegar y también los últimos en salir. El continente negro explicó durante lustros la expresión "la verdadera dimensión de Portugal".
Supuesto retrato del duque infante Enrique, El Navegante, de 1470.
Ceuta fue la primera tentativa de establecimiento colonial portugués. De los más de dos siglos en los que la ciudad autónoma fue portuguesa son excelente recuerdo la bandera de la ciudad, su escudo y el bastón de mando, llamado "aleo" y que simboliza aún hoy el poder municipal. Incluso la patrona de la población, la Virgen de África, es una talla de principios del siglo XV que envió Enrique El Navegante. Restos de aquellos días son también las Murallas Reales, símbolo de la localidad y que, construidas en el 962, fueron ampliadas y reforzadas por los portugueses.
Costa: "El hecho de existir una discontinuidad territorial y un acceso marítimo significó un abandono del mundo conocido y próximo".
La unión entre 1580 y 1640 de las coronas de Portugal y Castilla con los reinados de tres monarcas castellanos (Felipe II, Felipe III y Felipe IV), 60 años que traen malos recuerdos a los portugueses y que incluso son una especie de agujero negro en su Historia, puso a Ceuta en manos castellanas. En 1640, la ciudad decide mantenerse bajo la soberanía de Felipe IV en lugar estar al mando del nuevo rey luso, el duque de Braganza rebautizado como Juan IV, que logró el trono tras una conspiración. El Tratado de Lisboa de 1668 ratifica la soberanía española sobre Ceuta y reconoce la independencia de Portugal.
La profesora Costa defiende que Ceuta, la primera aventura marítima de Portugal y en la que participó el afamado don Enrique, El Navegante, significó el inicio de la globalización: "El hecho de existir una discontinuidad territorial y un acceso marítimo significó un abandono del mundo conocido y próximo. Esta salida se concretó en el mantenimiento de contactos continuados con zonas discontinúas y hasta entonces desconocidas para los ojos europeos, y permitió unir puntos distantes del globo, promoviendo el intercambio de productos y también de conocimientos y culturas. Es el principio de la idea de un mundo global".

Una rápida invasión

Fue el 21 de agosto de 1415 cuando se izó el pendón real y la bandera de Lisboa en la Torre de Vela de Ceuta, hasta entonces ciudad musulmana en manos de los benimerines, si bien en los años anteriores había estado también bajo el control de los azafíes e incluso de Granada. Con dos centenas de navíos y unos 20.000 hombres, el asalto a la ciudad apenas duró unas horas; aunque los preparativos de la empresa llevaban varios años cocinándose (desde 1411) de manera muy meditada y en absoluto secreto. Por el camino quedaron menos de una decena de fallecidos portugueses pero un gran número de bajas del lado ceutí, sobre todo por la masacre posterior a la batalla y el saqueo.
El infante Don Henrique en la conquista de Ceuta de Jorge Colaço.
Varios incidentes previos estuvieron a punto de evitar el asalto, según Crónica de la toma de Ceuta por el rey Juan I, el único documento que narra el episodio, escrito por Gomes Eanes de Zurara años más tarde. La muerte de la reina unos días antes y unas fuertes tormentas que dividieron a las fuerzas invasoras hicieron temer los resultados pero ayudaron a que Ceuta estuviera desprotegida: los pueblos vecinos que habían acudido a ayudar se marcharon ante la separación de las tropas lusas en varios puntos del Estrecho.
El 21 de agosto de 1415 se izó el pendón real y la bandera de Lisboa en la Torre de Vela de Ceuta.
No hay duda de la importancia de la Toma de Ceuta, inmortalizada en un bello panel de azulejos, obra de Jorge Colaço, en la estación ferroviaria de São Bento, en Oporto. No hay duda entre otras cosas porque Portugal había clavado su lanza en África; abrió una puerta hacia el Mediterráneo, donde hasta ahora no tenía espacio; y la única zona musulmana de la Península, Granada, quedó debilitada.

Las trece jornadas

Al frente de la expedición estaban el rey Juan I, el príncipe heredero Duarte y sus hermanos Pedro y Enrique. Una vez asegurada la conquista, la expedición se marchó el 2 de septiembre de 1415, fecha en la que se sigue conmemorando el Día de Ceuta. En esas trece jornadas en la ciudad, los tres infantes fueron armados caballeros. Con unos 2.000 hombres a su cargo, el rey dejó como gobernador a Pedro de Meneses, bajo cuyo gobierno el enclave se convirtió en un importante centro de actividad corsaria que enriqueció al gobernador. También bajo su mando, que duró hasta su fallecimiento en 1437, se estructuró la ciudad medieval cristiana.
Escultura de Pedro de Meneses, de Casto Solano.
Según un artículo de Jornal do Exército Português, por aquel entonces Ceuta era una ciudad de importancia religiosa, económica y militar, un excelente puerto, zona de terrenos agrícolas fértiles, con una gran capacidad defensiva y, sobre todo, enclave de una enorme importancia estratégica. Las razones que impulsaron a Juan I a conquistar Ceuta son todavía hoy motivo de discusión entre los historiadores. Por ejemplo, Antonio Carmona Portillo apunta tres factores como las más plausibles: la cruzada contra el que llamaban 'el infiel', la defensa de las costas frente a la piratería y razones económicas. Aunque también deja sobre la mesa otras posibilidades, como los deseos de guerra de la nobleza.
"La posibilidad de que la nobleza ascendiera socialmente a través de una nueva conquista. Armar caballeros a don Duarte, don Pedro y don Enrique. Impedir que Marruecos auxiliara al moro peninsular. Una cuestión estratégica de dominio del Estrecho de Gibraltar y la posibilidad de acceder a las rutas comerciales de oro y de esclavos", expone a La AVENTURA DE LA HISTORIA Miguel da Costa Pinto, presidente de la Sección de Historia de la Sociedad Geográfica de Lisboa, cuando se le pregunta por las causas.
Sin duda, Ceuta interesaba y por muchos motivos. Tampoco se descarta que todo fuera una cuestión de orgullo: una celebración relumbrante de la victoria de Aljubarrota sobre las tropas castellanas, que también sirvió de excusa para la construcción del espectacular Monasterio de Batalha, el convento de estilo gótico y manuelino de Santa María de la Victoria, símbolo aún en el siglo XXI de orgullo nacional.

La llegada de la dinastía Avís

En la Península se había logrado un periodo de paz entre Portugal y Castilla. La batalla de Aljubarrota sirvió para que Juan I consolidara su puesto como rey y se abriera camino la dinastía Avís. Hijo fuera del matrimonio de Pedro I, Juan I era el maestre de la Orden de Avís y su camino no era el trono. Pero tras la muerte de su padre y de su hermano, Fernando I, surgió una crisis sucesoria porque la hija de éste estaba casada con el rey castellano. Ante la negativa popular a tener un rey extranjero, hubo un levantamiento que encumbró al maestre de Avís como rey. Después llegaron las victorias sobre el reino vecino. Y Ceuta....
Filipe Simões: Ceuta representó la afirmación internacional de una dinastía nueva, salida de un ramo bastardo y, por tanto, con menor legitimidad
"Ceuta representó la afirmación internacional de una dinastía nueva, salida de un ramo bastardo y, por tanto, con menor legitimidad, que sólo llegará al trono a través de una guerra con la legítima heredera. Abrir un frente de guerra más allá del mar, contra el islam, es un acto legítimo y meritorio en la época", explica Luis Filipe Simões, profesor de Historia Medieval de la Universidad del Algarve.
El diario militar portugués apunta que durante el reinado de Juan I se consolidó la independencia y se enseñó al resto de los reinos europeos (muchos de ellos envueltos en la Guerra de los Cien Años) una nueva imagen de legitimidad del poder real, surgiendo entonces el respeto hacia Portugal en todas las cortes. Además, sirvió para mostrar al mundo la notable infraestructura de construcción naval así como los conocimientos de navegación e instrumentos que poseían.
Juan I de Portugal.
Desde la Sociedad Geográfica de Lisboa insisten en que "fue sobre todo un marco expansionista, una tentativa de dominio de la costa marroquí que acabaría por ceder a las presiones de una burguesía que preferiría más tarde los lucros de Oriente, tras lograr pasar el cabo Bojador". Después de Ceuta llegaron Madeira y las Azores; luego, Gil Eanes dobló el cabo Bojador, el punto más remoto hasta entonces conocido, adentrándose en el llamado Mar de las Tinieblas. Llegaron a Cabo Blanco, Arguin, Senegal, Cabo Verde, y a un largo etcétera de territorios que compusieron el imperio portugués. Porque al final Ceuta fue sólo eso: un punto de inicio, una pequeña puerta de entrada, el primer paso de un largo camino.
La experta del ISCTE-IUL finaliza: "La expansión ultramarina, este movimiento de ir a conocer el mundo, es tal vez el acontecimiento más heroico de la historia de Portugal. El hecho de ser prolongado en contactos sucesivos y en presencias largas acabó por generar esa idea de pasado glorioso que incorporó el descubrimiento de un mundo completamente nuevo si pensamos en la mirada medieval europea.
Basta recordar que la Expo 98, la última exposición universal del siglo XX, tuvo como tema los océanos no para recordar el pasado glorioso de los descubrimientos, sino porque representan esa capacidad de abrazar mundos más vastos y que un pequeño país se torne en punto de contacto con todos los continentes. Los océanos representan la internacionalización de Portugal". Comenzó en Ceuta.
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ESTADIO 54 CEUTA

Que bonito es viajar al pasado, este es el Campo del 54, seguro que a muchos os trae bonitos recuerdos, actualmente, Estadio José Martínez "Pirri".

(Abdel-lah Mohamed)
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Construccion de la iglesia de san jose .ceuta

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JUGADORES DE LEYENDA.... EDUARDO AYALA

FUENTE:sentirseazulino.com


Eduardo Ayala, o Ayala II, dada su coincidencia futbolística con su hermano Juan, es seguramente uno de los mejores jugadores que ha vestido la azulina en la historia del club. Ya es hora de que tenga un hueco en el blog, ya que es el tercer jugador en número de temporadas en la 2ª división, tras la estela de las diez temporadas de Jiménez y la siete de Luis Periñán. ¿Cuántas temporadas? Seis consecutivas en la mayor categoría jamás alcanzada.
  Eduardo AYALA Callejón nació en La Línea de la Concepción un 5 de Abril de 1934. Sus inicios futbolísticos se remontan al conjunto de su ciudad natal, a la Real Balompédica Linense, donde jugó con su hermano Juan. Véase  la foto de www.lagoleada.net:  
Cámara (masajista), Hurtado, Juan Vázquez, Chica, Campos, Carrillo, Salvador e Ignacio. Agachados: Vicente Vázquez, José Gallardo, Paco Uceda, Eduardo Ayala y Juan Ayala.

 Sin embargo, llegó al CD San Fernando procedente del Puerto Real CF. Además ha vestido la camiseta del Atlético Ceuta. Precisamente del conjunto de la Villa de Puerto Real llegó al equipo isleño. Nos remontamos a la temporada 52-53. Allí estuvo acompañado de jugadores conocidos en La Isla por haber vestido nuestra camiseta y por haber nacido en nuestra localidad: Severino, Fidel Agabo, Mejías, Beira, Baldomero Abelenda o Zaldívar.

Eduardo llega al San Fernando en la temporada 1953-1954 procedente del Puerto Real y lo hizo acompañado de Luis Periñán. Esta temporada es mítica para la historia del Club Deportivo. Un mes de julio del año 1954 el Club Deportivo San Fernando ascendió por primera vez en su historia a la Segunda División nacional, la actual Segunda A. El 12 de julio de 1954 regresa desde Cáceres hasta La Isla en loor de multitudes. El Ayuntamiento se llenó para recibir a los jugadores, entre ellos Ayala. El equipo había ganado la liguilla de ascenso en dura lid con el Real Murcia, Melilla, Cacereño y Orihuela. En la liga de Tercera División quedó clasificado en segundo lugar, por detrás del Real Betis que logró el ascenso automático. Esa temporada consiguió Ayala la friolera de 25 goles que quedaron un tanto eclipsados por los 39 goles de Uribarren o los 31 de Chispa. El equipo base que todos conocían de carretilla fue Ceballos; Jiménez, Maluenda, Lucas; Paquito, Devesa; Luis Periñán, Chispa, Uribarren, Genil y Ayala. El entrenador de esta inolvidable temporada fue Antonio Molinos y el presidente Ángel Baleato.

Ayala II debutó en Segunda División un 12 de septiembre de 1954 en el Marqués de Varela contra el Granada CF. Finalizó con derrota contundente en casa por 0-3. Formó delantera con Periñán, Chispa, Uribarren, Genil y Ayala. En su debut en la categoría de plata el CD San Fernando se clasificó en el puesto 13 de la clasificación. Ayala sólo disputó 11 partidos, aunque marcó 4 goles.

En la temporada 55-56 estuvo a las órdenes del entrenador Adolfo Bracero. Sólo quedaban de la temporada anterior Jiménez, Devesa, Periñán, Chispa, Guillermo, Maluenda y Ayala II. Terminó jugando 28 partidos y marcando 5 goles.

 Llegamos a la temporada 56-57 y seguimos viendo en la delantera a Ayala, acompañado de Armandín, Chispa, Cortés y Vázquez. Una temporada más tarde, la 57-58, llega al CDSF un entrenador que marcará una época: José Luis Riera. Es la mejor temporada de la historia del club: sextos. Ayala jugó 30 partidos y acabó marcando 5 goles. Formó delantera con Periñán, Nené, Mendi y Contrasta. La banda izquierda seguía siendo suya.


En la temporada 58-59, de nuevo con Riera en el banquillo, jugó sus 25 partidos y anotó 6 goles, segundo máximo goleador tras Mendi. Al término de esta temporada se desligará del CDSF.


 Haciendo balance, han sido seis temporadas corriendo la banda izquierda del viejo Madariaga. De ellas una en Tercera y cinco en Segunda. 426 goles marcó el equipo de La Isla de León en 2ª. El récord goleador lo ostenta Pepe Cantón con 34 goles. Ayala anotó un total de 29 goles. Es por ello el cuarto máximo goleador de nuestro querido equipo en la 2ª División.

 Ayala en la campaña 59-60 firma por el Club Atlético de Ceuta. Aquí le vemos en esta foto. En Ceuta permaneció hasta 1970 que con el descenso a regional del conjunto ceutí.

Se retira de fútbol y se incorpora como masajista de la Agrupación Deportiva Ceuta y como segundo entrenador del equipo caballa.Dicen los que lo vieron jugar que tenía una manera especial de lanzar los córners y de encarar al defensa. Era el típico jugador que creaba mucho peligro, que regateaba y centraba con precisión. Los delanteros centros se ponían las botas con él.

"Los recuerdos son los cabellos azulinos del corazón". 
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Isabel Cabral ceuta

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La Catedral de ceuta

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El caso de Batiste García Sales no se trata de un fusilado, ni de un consejo de guerra

El caso de Batiste García Sales no se trata de un fusilado, ni de un consejo de guerra

El caso de Batiste García Sales puede convertirse en el número 299 de las víctimas mortales del Franquismo en Ceuta, una historia, sin embargo, bastante peculiar, pues no se trata de un fusilado, ni de un consejo de guerra.
Es sólo un brigada que odiaba a los rojos y lo pagó con un chaval valenciano de 22 años que tenía 14 cuando estalló la Guerra Civil. Aquel brigada, que según el recuerdo de un testigo presencial se apellidaba Tejido, decidió reprender al recluta y de una bofetada le reventó la cara. Sucedió un 18 de diciembre de 1944, y unos días más tarde fallecía por las secuelas.
Ahora un sobrino de Batiste, Vicent García, ha iniciado los trámites para solicitar algún tipo de reparación de la memoria a la Ciudad Autónoma de Ceuta, con el consejo del Grupo de Recuperación de Memoria Histórica de la Fundació Societat i Progrés, representada en Matías Alonso. García ha redactado ya un texto para solicitar una placa de recuerdo, o que se añada el nombre de Batiste a la lista de 156 personas que reposan en la fosa común. El historiador ceutí Francisco Sánchez Montoya, con quien la familia de Batiste se puso en contacto, se ha prestado a entregar esa solicitud en su nombre, debido a que ellos no tienen la posibilidad de acudir personalmente a Ceuta desde Valencia para este trámite. Aun así, se impone la prudencia. “Yo actuaré como mera correa de transmisión, se trata de un caso que no es tan claro como otros, en los que hay un consejo de Guerra”, aclara Sánchez, que ya ha realizado varias investigaciones sobre los represaliados en Ceuta por el franquismo y que les llevó incluso a publicar un libro y realizar gestiones para que se instalara el monumento que hoy día cubre la fosa común donde están los cuerpos de más de 150 fusilados.
Misma prudencia pide Alonso, con experiencia amplia en cuanto a la recuperación de la memoria histórica. “Este es un caso un poco fronterizo, y posiblemente algunos digan que no se trata de un represaliado por el franquismo y tengamos que demostrar que sí”, afirma.
Poner esa placa no debería suponer una gran dificultad. Preguntada Adela Nieto, de cuya Consejería depende el cementerio de Santa Catalina, aseguró que “en principio no habría ningún problema para reconocer a la familia, pueden solicitarlo”. Si bien especificó que esa solicitud no había llegado aún a la Consejería.
Otro tema sería la reivindicación de la familia de Batiste García Sales, la de poder recuperar sus restos, “aunque sólo sea en parte”, para que vuelvan a Foios. Desde el cementerio de Santa Catalina se apunta, sin embargo, la dificultad técnica que tendría aquello. “Esos restos están en un osario en el que igual hay 5.000 restos… ni aunque les tocara la lotería tendrían dinero para montar el dispositivo necesario para recuperar los huesos”, opinan los responsables de Santa Catalina.
Diferente opinión tiene la empresa Paleolab, que trabaja con la fundación que representa Matías Alonso, y que ya ha intervenido en otros osarios para otros casos. “Aún no nos han dado un no rotundo, sería cuestión de examinar cómo es el osario, y ver”, explica Alonso. De todas formas, este proceso iría para largo pues se iniciaría con una de las subvenciones que el Gobierno de España convocará dentro de unos meses con este fin, y hasta enero o febrero del próximo año no podrían empezar los trabajos, en caso de que fueran técnicamente viables, pues este es el proceso que llevan tales subvenciones, según aclara Alonso.
Enterrado por los amigos
“Me llamaron para ir al hospital y me fui con él. Allí estuve hasta que murió con su cabeza encima de los brazos míos”, recuerda aún hoy Matías Gimeno, de 88 año y natural de Meliana (Valencia), que en 1944 hacía la mili en Transmisiones. “Lo enterramos en un cementerio que hay pegado al Hacho. La familia era de Valencia, pero cuando llamaron ya lo habíamos enterrado”.
Amparo Gimeno es la hija de ese testigo presencial, Matías Gimeno, y se sabe la historia como si hubiera estado allí aquel 18 de septiembre de 1944, porque la ha escuchado muchas veces, y muchas veces ha llorado con el relato de su padre cuando eran pequeños. “Nos cogía a los hijos: ‘Venid que os voy a contar la historia de la mili’, y claro, tantas veces te la cuenta que te la sabes de memoria. Y ya cuando eres mayor te acuerdas y viene alguien de la calle. Me acuerdo que cuando venía algún familiar, alguna visita le decía: ‘Padre, ¿por qué no le cuenta lo que le sucedió en la mili a su amigo el de Foios (un pueblo cercano a Meliana)?’. Y mis hermanos y yo con la boca abierta”, recuerda Amparo, que explica cómo aquellos niños veían la historia como “algo extraño y nuevo”.
“Todos los compañeros pasaron la gorra para hacer una recolecta y que lo pudieran enterrar dignamente en una caseta del cementerio y que no lo tiraran por allí, siempre esperando que algún familiar pudiese ir a los cinco años. Pero no había dinero, y más de un pueblo de Valencia como es Foios. La familia quería callar y olvidar”, opina. Así que cinco años después de que fuera enterrado en la galería de San Bernabé, sus huesos fueron a parar al osario general, patio 5, grupo 1, según consta en los archivos del cementerio. Vicent García fue, hace ya muchos años, a Ceuta para intentar investigar el tema, pero no recibió más que los papeles que hay en el archivo de Santa Catalina.
Matías Gimeno fue, además de las últimas personas que vio con vida a Batiste García en una de las habitaciones del Hospital Militar O’Donnel, el encargado de dar la noticia a la familia, siempre según la versión oficial, que había muerto de peritonitis. Tenía que volver a la mili para completar el servicio. Finalmente, dos años después se licenció y volvió a casa de la madre de su amigo decidido a contar la verdad. A ella le había extrañado la muerte repentina de un joven tan sano, y le dijo: “Matías, creo que no me has contado toda la verdad”. Él, entonces, le contó qué había pasado. Pero en la familia se impuso el silencio, porque eran los tiempos y porque nada se podía hacer, para qué añadir sufrimiento.
Descubierto por casualidad
Su amigo de Foios también había sido destinado a Ceuta, pero en otra unidad. “Yo estaba en Transmisiones, y él en el batallón de autos: pero los dos hacíamos la instrucción juntos, por eso estaba allí”, especifica. Gimeno dice que la memoria le falla, que ya es mayor. Pero aún recuerda casi todos los detalles. “Pues en Ceuta, estábamos en la mili, y era un amigo mío. Sí, era un brigada que no nos quería a los valencianos y siempre nos insultaba y esas cosas. Y le pasó que estábamos haciendo la instrucción, se equivocó de marcar el paso, y pisó al compañero de delante, se despistó. Le hizo sacar de las filas, paramos todos, y le dio un cachete en la cabeza y empezó a tirar sangre, a tirar sangre, a tirar sangre por la boca, lo cogieron y lo llevaron al hospital, y en el hospital murió el chico”.
Amparo recuerda que su padre, cuando contaba la historia, lloraba y maldecía al brigada Tejido. “Y vosotros, ¿de dónde sois?. Somos Valencianos. ¡Valencianos rojos perdidos!, les respondía”, explica la hija de Matías. También recuerda, siempre según las historias de su padre, cómo los reclutas de transmisiones cavaban a la hora de realizar las instalaciones telefónicas, y el mismo brigada les insultaba: “¡Cavad y sudad, rojos valencianos! Y así siempre”.
Fue precisamente gracias a estas historias con las que Matías Gimeno hacía pasar el rato a sus hijos como la familia de Vicent descubrió la existencia de un testigo presencial de los hechos que aún vivía. “En mi familia preferían ocultarlo, pero nos lo había contado mis padres, mis abuelos sabían la verdad”, explica Vicent. Gimeno también contó, en cuando pudo, lo que pasó, y fue una censura impuesta por ellos mismos.
“Vicent García Devís ha estado por muchos sitios, y se le quedaba el gusanillo con la historia”, recuerda Amparo Gimeno. “Le quedaba la pena y hablando un día mi hermana con otra chica de aquí, resulta que casi son familia y le presentó a Vicent. ‘Si lo que tú me cuentas de tu padre cuando hizo el servicio militar, casi que es la misma del mío. ¿Podríamos ir a hablar con tu padre, y ver si coinciden las fechas y los datos’, preguntó Vicent”, cuenta Amparo. Y así hicieron. Estuvieron una tarde hablando, junto con un periodista, y la historia se publicó por primera vez la semana pasada en un diario de tirada nacional. Ahora, la historia sigue a la espera de una reparación, de algún tipo.
Hasta ahora, los últimos represaliados comprobados eran de agosto de 1944
En las investigaciones que había realizado el historiador ceutí Francisco Sánchez Montoya, los últimos represaliados como consecuencia del franquismo que constaban documentado y comprobados fueron tres ejecutados en agosto de 1944. Esta novedad de Batiste García puede no ser la última, porque tal y como explica Sánchez Montoya, “en muchos no aparecía el fusilamiento como causa de muerte, sino hemorragia, o asfixia”.
Este es, por ejemplo, el caso de los tres últimos, de agosto de 1944. “Cuando repasé los archivos, vi que tres personas muertas el mismo día por hemorragia interna parecía raro, y lo investigué. Entonces descubrí la historia”, aclara el historiador. Sánchez Montoya descubrió, además, una historia curiosa sobre estas tres personas, que publicó hace ya unos años. “Miles de españoles se encontraban el 28 de marzo de 1939 en el puerto de Alicante, entre ellos tres jóvenes, Antonio Reinares Metola, José Congost Plá y Ramón Valls Figuerola, ellos aguardaban un barco que les permitiese abandonar España, camino del exilio, tras la derrota del ejército republicano. Llegó el buque Stanbrook, zarpando hacia Orán (Argelia), cinco años después estos tres alicantinos fueron fusilados ante los muros de la fortaleza del Monte Hacho.[...] (tiempo después, en Casablanca) Una resistencia al régimen de Franco, con la creación de la denominada Unión Nacional Antifascista (U.N.A.). Estudian la posibilidad de restituir en Tánger, como cabeza de lanzadera para después pasar a Ceuta. La resistencia en Tánger entra en contacto con estos exiliados en Casablanca y le piden que necesitan a un delegado para su apoyo, ya que están muy vigilados”, contaba Sánchez Montoya. Finalmente, en 1944, que estaban en Ceuta, fueron cogidos y fusilados.
Claves
Osario
Los restos de Batiste fueron enterrados en una fosa después de que sus amigos pasaran la gorra, y cinco años después los restos se exhumaron desde la galería de San Bernabé hasta un osario del cementerio.
Represión franquista
Según la familia de Batiste y la Fundació Societat i Progrés, se trata de un caso de represión del Franquismo, puesto que el brigada tenía un motivo político, odiaba a los valencianos por rojos. Valencia fue la última zona de la Península Ibérica a la que llegaron las tropas franquistas, y la que más resistió la Guerra. Además, Matías Alonso, de esta fundación, destaca que no existe ningún tipo de afiliación política en la familia de Batiste, como él no la tenía, puesto que contaba sólo con 14 años cuando estalló la Guerra Civil Española.
Reparación
Aunque no se puedan recuperar los restos, la familia espera un placa u otro reconocimiento.


1 comentarios:

  1. Hola:
    gracias por el tratamiento informativo. Solo una pequeña rectificación. Batiste murió el 29 de septiembre de 1944 y su funeral fué en Nuestra Señora de Africa el 30 de septiembre de 1944. La agresión tuvo lugar 18 dias antes. Batiste estuvo muriéndose 18 dias.

    Vicent G. Devís, sobrino (València)

http://www.elfarodigital.es/ceuta/sociedad/37228-tras-66-anos-la-familia-de-batiste-garcia-lucha-por-la-memoria-historica.html
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