ANTONIA PÉREZ PADÍN, LIBRE Y LUCHADORA
Escrito por: fsanchezmontoya el 23 Mar 2010 Francisco Sánchez Montoya
http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/
http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

Durante el trabajo de investigación y elaboración de mi libro sobre la Guerra Civil en Ceuta, que publiqué hace ya unos años, siempre me he sentido un tanto frustrado al no sacar a la luz las historias de cientos de mujeres ceutíes que sufrieron represión en la Cárcel de Mujeres del Sarchal. Pero dentro de la poca documentación que existe siempre me llamó poderosamente la atención una mujer, su nombre Antonia Pérez Padín.
Tenía seis hijos y regentaba una modesta casa de comida, en la zona de la Puntilla, su lucha a favor de los humildes le hizo ingresar en el Socorro Rojo de Ceuta, desde donde colabora en campañas de los más necesitados de la Ciudad. El marido de Antonia Pérez, continuando con el compromiso social, ingresó en el Partido Comunista, fue concejal tras las elecciones del 12 de abril de 1931. Después de la sublevación ella fue encarcelada el 14 de agosto de 1936, en la prisión de mujeres y su marido Antonio Berrocal, fusilado.
Hace unas semanas, después de muchos meses intentándolo pude contactar con su nieta Gloria Berrocal, quien ha escrito varios libros sobre las vivencias de su abuela… "La primera imagen que me viene de mi abuela Antonia es la de una mujer vestida siempre de negro, con las piernas hinchadas por las varices y con una propensión al suspiro profundo, casi expelido desde el bajo vientre, cuando oía las noticias del llamado “parte” de RNE. Más tarde, con la aparición de la televisión, pasó del suspiro a la palabra y al gesto. Cuando oía que no había presos políticos en España solía lanzar un zapato al televisor soltando sapos y culebras.
Nunca nos habló de la guerra... ella hablaba de los “hoteles” donde había estado: Puerto de Santamaría, Ventas, Dueso, etc... A mi no me encajaba la imagen que daba de persona viajera y aprovechando una estancia suya en Rabat a donde acudió a cuidarme – tenía yo entonces diecisiete años y ya trabajaba en la Embajada de España en dicha ciudad- la sometí a un tercer grado. El pacto fue el siguiente: yo me comería todo lo que cocinara y, mientras yo saboreaba sus excelentes guisos, ella me contaría lo de los “viajes” y “hoteles”....MÁS





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada