El convaleciente que ordenaba libros
El convaleciente que ordenaba librosEscrito por: Milano el 23 Abr 2010
El convaleciente duerme pocas horas. Se levanta temprano, con cuidado, para que ella no se despierte porque sabe que esos momentos son los mejores. Cuida sus movimientos, no vaya a ser que en un descuido tire de alguno de los puntos de la cicatriz. Y el convaleciente deambula por la casa en la penumbra del amanecer, un poco encorvado, que si se pone derecho es peor; y se tuesta un trozo de pan y desayuna en zapatillas, en silencio; no quiere poner la radio, ya sabe lo que van a decir sobre el tribunal constitucional, sobre el pañuelo de Najwa, sobre el statut, sobre Garzón y le dice a Trufo: ¡¿No se cansan nunca de lo mismo?! Y el viejo perro ladea la cabeza. Es un perro fiel y casero. Un perro que lleva con dignidad y entereza su ancianidad desde el salón a la cocina y vuelta. Sí… el viejo Trufo es feliz con una carantoña de vez en cuando.·Al pasar arrastrando las zapatillas por el cuarto de los libros se para… en casa del convaleciente cada habitación tiene un nombre —como en cada casa decente, diría—, el trasterillo, el Cuarto del Niñato (dicho esto con todo cariño y respeto), lo de Álvaro, el Patio del Bicho Verde, el Tinglaíllo… en la puerta del Cuarto de los Libros hay pegado un tarjetón que dice: ·HAI EXCOMUNION
RESERVADA A SU SANTIDAD
CONTRA QUALESQUIERA PERSONAS
QUE QUITAREN, DISTRAXEREN, O DE QUALQUIER OTRO MODO
ENAGENAREN ALGÚN LIBRO
PERGAMINO, O PAPEL
DE ESTA BIBLIOTHECA,
SIN QUE PUEDAN SER ABSUELTAS
HASTA QUE ESTA ESTÉ PERFECTAMENTE REINTEGRADA*...MÁS





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