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22/1/12

Ceuta, puerta de Europa

Ceuta, puerta de Europa..Patricia Gardeu - 06-01-2012 Fotos de Fidel Raso



La entrada de grupos grandes de subsaharianos se repitió durante el mes de septiembre. Las aguas del Estrecho traen a Ceuta balsas cargadas de sueños. Un total de 21 inmigrantes fueron rescatados por la Salvamar Gadir el 19 de septiembre. El 21 de octubre se producía una nueva oleada protagonizada por 59 inmigrantes que entraban por el Tarajal. En aquella ocasión lo hacían a la carrera: algunos se lanzaron al agua; otros, simplemente, bordearon el espigón.

Ceuta no es más que una plaza de paso, un trampolín para alcanzar la península antes de ser detenidos y poder sortear así la deportación. A menudo, la imaginación gana la partida al miedo. Los primeros meses de 2011 estuvieron marcados por los constantes intentos de fuga de inmigrantes escondidos entre las basuras que trasladaban los camiones de la Planta de Residuos o agazapados en los bajos de los vehículos. El peligro que encierra esa estrategia se hizo evidente a finales del año pasado. Paul Charles Nlend, un camerunés de 25 años, falleció tras ser sepultado por los escombros al volcar el camión en el que se escondía. Cinco toneladas de residuos con dirección a la península y una aventura que terminó en tragedia.
Para prevenir estos desenlaces, la Guardia Civil decidió vigilar de forma permanente el Monte Hacho, donde se encuentra la planta de residuos, para evitar que los inmigrantes pudieran acercarse a los camiones de basura. A la planta de Urbaser se le suma el puerto como otra vía de escape para los inmigrantes. Las inspecciones constantes no consiguen desalentar los continuos intentos. Por un lado, el frente marítimo, que acaba en una ratonera. Por otro, las posibles vías de escape a la península, que se intentan abortar mediante operaciones como la feriante. El pasado agosto se movilizaron más de 160 agentes para detener a los inmigrantes que pretendían pasar a la península escondidos entre las numerosas atracciones instaladas en Ceuta con motivo de las fiestas patronales. El primer día fin de feria concluyó con la detención de 33 personas, la mayoría de origen magrebí, a la salida del recinto ferial, mientras que la Guardia Civil interceptó a otros tres extranjeros en el acceso al puerto. La vía feriante ya había sido ensayada otros años. El precedente, 2010, se saldó con la detención de 70 personas por las fuerzas de seguridad españolas.
Los intentos de huida implican otro problema: la proliferación de campamentos en el monte. Algunos inmigrantes se escapan del CETI con la intención de dormir a la intemperie, a la espera de la huida perfecta. No quieren dar sus nombres, llamémoslos Juan y Pedro. Se conocieron durante su primera estancia en Ceuta. Ambos fueron deportados y ambos han logrado regresar a España. La detención en el CETI y la posterior repatriación no les dejó un buen sabor de boca, así que en esta ocasión han optado por pasar las noches en el monte protegidos del relente con bolsas de plástico. Juan nació en Somalia, un país donde la mitad de la población está afectada por la hambruna. Allí dejó cinco hermanos. La primera vez que llegó a Ceuta fue el 23 de mayo de 2007. Lo hizo cruzando la frontera desde Marruecos escondido debajo de un coche. Estuvo dos años en el CETI aguardando unos documentos que nunca llegaron. El 17 de julio de 2009 le deportaron. Sólo que hubo un error: se equivocaron de país y lo mandaron a Nigeria. “Y yo me preguntaba: ¿Qué hago en Nigeria que está igual de mal que Somalia pero además no conozco a nadie?”, explica el joven, de 26 años. En aquel país, un policía lo ayudó llevándolo a una iglesia en la que, durante seis meses, le dieron alimento y cobijo.
Después emprendió, de nuevo, camino a Ceuta. Tardó seis meses en llegar a Marruecos, muchos tramos andando, otros metido en camiones. No logró trabajo en el país vecino. Durmió en la calle, en autobuses y hasta en una casa donde entre cuatro inmigrantes pagaban setenta euros. No era fácil conseguirlos y en la mayoría de las ocasiones tuvo que conformarse con la caridad, alimentándose a base de galletas y leche. Decidió entonces cruzar. Entró a nado, por Beliones.
Es cristiano y en una de las iglesias de Ceuta ha encontrado ayuda en varias ocasiones. Así que, como hizo durante su primera estancia, para ganarse algo de dinero vigila y limpia el templo Nuestra Señora de África. Como no hablan español, el temor por una nueva deportación aumenta.
Ceuta es una ciudad excelente para aparcar prejuicios. Observar desde primera línea los problemas que acarrea la inmigración es un atractivo periodístico, una prueba de madurez, pero también una responsabilidad: la de tratar de encontrar qué hay detrás de las cifras.
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