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20/2/12

El hombre que iba a disparar a Franco en Ceuta

Antonio Rico recuerda la historia de su hermano José, que quiso matar a Franco en Ceuta

Y. Recio / Salamanca

El cabo salmantino José Rico murió con 21 años fusilado, después de que se descubriera que planeaba atentar contra el general Francisco Franco en Ceuta. Quienes vivieron para contarlo aseguran que mantuvo una “serenidad y sangre fría” que causó la admiración de los presentes, hasta el mismo momento de su muerte. En el juicio, se enfrentó al juez que les llamó cobardes tras dictar la sentencia de muerte con estas palabras: “Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español; los traidores a la patria sois vosotros”.
Antonio Rico dice que la edad ha hecho mella en su persona, que ya no tiene la cabeza que tenía antes, pero sin embargo con total lucidez recuerda fechas, nombres, lugares y hasta frases textuales relacionadas con el caso de su hermano José Rico, un cabo salmantino destinado en Ceuta que pudo cambiar el rumbo de la historia de España.
El joven José Rico, natural de Villarino de los Aires (Salamanca), en defensa de la República, planeó atentar contra el general Francisco Franco en julio de 1936, pero la trama quedó al descubierto cuando “un íntimo amigo” de José Rico, del mismo pueblo donde vivían, Monleras, y con el que se marchó a Ceuta, delató a sus compañeros, arrepintiéndose en el último momento y firmando así “la sentencia de muerte de siete personas”.
Han pasado más de 70 años desde que el cabo Rico fuera fusilado tras conocerse sus planes, un tiempo que parece reciente en el recuerdo de su hermano, quien no puede evitar las lágrimas al contar la historia que marcó a toda una familia salmantina durante décadas. Les creó “una herida de esas que no se curan, en el alma”.
Antonio Rico asegura que recuerda con claridad, “como si fuera ayer”, el día en que su hermano, con 18 años, decidió irse voluntario al Ejército y cuenta que su madre les llevó a él y a su hermana hasta el autobús para despedirle. Allí, José le cogió en brazos, un momento que confiesa tiene “clavado” en el corazón. En su memoria están nítidos algunos recuerdos sobre José Rico, como cuando le llevaba “a todas partes cogido a hombros” y distraído iba “siempre leyendo el periódico” mientras caminaban, por lo que le decía que se agarrara “de sus orejas”. Destaca que su hermano era “muy buena persona”, que le gustaba leer y escribir, de hecho trabajó como corresponsal en el periódico El Adelanto de Salamanca y, por encima de todo, asegura que fue “más que un valiente” y lo demostró hasta el mismo momento de su muerte.
Historia de un complot
Todo comenzó la noche del 17 de julio de 1936, cuando las tropas al mando del teniente coronel Juan Yagüe recibieron la orden de tomar Ceuta. Los diferentes cuerpos militares se distribuyeron para controlar la ciudad y al Regimiento de Infantería del Cerrallo Nº 8 de Ceuta se le ordenó salir a la calle para “defender a España”. Entre los destinados a esa labor se encontraban los cabos José Rico y Pedro Veintemillas, quienes en su ronda por las calles de Ceuta observaron cómo patrullas de falangistas detenían a civiles, asaltaban sedes de partidos políticos o cómo en las paredes de la ciudad se habían fijado bandos firmados por el general Franco en los que se comunicaba el estado de guerra, la disolución de los partidos y la prohibición de reuniones.
Cuando Rico y Veintemillas volvieron al cuartel, se reunieron con otros compañeros para estudiar la trama. En un segundo encuentro, el cabo salmantino presentó ya el plan para matar a Franco, que consistía en dispararle cuando pasara revista a las tropas, una tarea de la que se encargaría el mismo.
Después, el resto de implicados apuntarían a los demás militares para inmovilizarlos, desde la primera planta del cuartel. Lo siguiente que planearon fue que otro grupo saldría hacia la ciudad para informar del atentado y recabar el apoyo del pueblo. Un plan que ni siquiera llegó a iniciarse, debido “a la traición” de uno de los militares.







Antonio Rico.
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