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26/11/13

CEUTA VISIGODA Y BIZANTINA DURANTE EL REINADO DE TEUDIS

fuente .CERVANTESVIRTUAL.COM


Demostrado está (i) que este gran monarca visigodo empezó
á reinar en uno de los días comprendidos entre el 5 de Diciembre
de 531 y el 24 de Febrero de 532, y que su reinado no duró
menos de diez y seis años, ni más de diez y siete y cinco meses,
el cual no debe prolongarse más acá del 24 de Julio de 549-
Poco antes que él falleciese, aconteció la malograda empresa
de sus armas contra la bizantina ciudad de Ceuta; empresa que
me propongo ilustrar con varios datos históricos en espera de
otros arqueológicos. San Isidoro la describe así (2):
CEUTA VISIGODA Y BIZANTINA 623
Después del feliz suceso de tamaña victoria (3), los Godos incautamente
se portaron al otro lado del Estrecho Hercúleo. Habíalos
expulsado de Ceuta la milicia bizantina (4), y Teudis para
recobrar esta plaza fuerte, ordenó que sus tropas la asediasen y
combatiesen con gran vehemencia. Aconteció que un día, por
ser domingo y para no profanar la solemnidad, holgaron los sitiadores
dando treguas á su porfiado embate. Reparando en ello
los sitiados, hicieron una salida, reforzada con sus naves de guerra,
y de tal modo por tierra y por mar envolvieron á sus contrarios
y los postraron, que ninguno de éstos quedó con vida
para poder llevar á España la noticia de tan ominoso desastre. Y
sin tardanza sobrevino luego otra desgracia no menos lamentable,
cual fué la trágica muerte del Soberano. En su propio pala
do se vio acometido por cierto hombre alevoso, de quien no
desconfiaba, porque este malsín fingía que estaba loco, atiabando
la ocasión de ejecutar sin estorbo su dañado intento. Hundió
dentro del palacio su acero en el cuerpo del Príncipe; el cual...
según se cuenta, estando á punto de rendir indignada el alma á
vueltas de la sangre que borboteaba de la herida, pidió gracia
para su asesino, y dijo á los circunstantes: Os conjuro que no
lo matéis; toda vez que yo mismo soy reo de semejante culpa.,
porque antes que yo fuese rey, engañé á mi jefe militar por igual
estilo, y lo sacrifiqué á mi encono.
La catástrofe de la hueste visigoda, acorralada por tierra y
mar ante los muros de la sitiada Ceuta, aconteció un día de Domingo,
cuando tocaba en su remate la vida del infortunado Tendis.
Conjeturo que aquel Domingo sería el solemne de Pascua de
Resurrección, 4 de Abril de 549> tres días después del principio
del año XXIII del imperio de Justiniano (i), en cuyo año coloca
San Isidoro el comienzo del reinado de Teodiselo, sucesor de
Teudis. Las palabras del Santo nec mora aplicadas al intervalo
cortísimo que medió entre la derrota del ejército visigodo, sitiador
de Ceuta y el asesinato de Teudis, parecen indicar que el
atentado del que fué víctima este príncipe, aconteció un día después
de aquella inesperada derrota, ó á buena cuenta en 5 de
Abril de 549- Si descontamos ahora diez y siete años y cinco
meses que atribuye el mismo Santo al reinado de Teudis, resulta
que empezó á reinar en 5 de Diciembre de 531, fecha probabilísima
que se desprende, como ya lo demostré (2), de dos inscripciones
visigóticas de la Galia Narbonense.
Al desastre del ejército visigodo delante de la bizantina é
inexpugnable Ceuta no dejó de aludir Procopio, historiador contemporáneo
del hecho:
En la región Gaditana y en la segunda de las columnas de
Hércules, á mano derecha del que viene del océano al mediterráneo,
estuvo en la costa africana una fortaleza, llamada Septa,
que siglos atrás habían edificado los Romanos. No se cuidaron
los Vándalos de rehacer la fortificación, desmantelada y arruinada
bajo la pesadumbre del tiempo. Mas nuestro emperador Justiniano
la hizo restaurar y la dotó de una guarnición conveniente.
Allí también erigió bajo la invocación de la Madre de Dios un
templo considerable, confiando á su protección el nuevo régimen
político de la ciudad y su fortaleza inexpugnable para la hostilidad
de cualesquiera gentes.
Falleció Justiniano en 14 de Noviembre del año 565; y el cuidado
que puso en fortificar á Ceuta y á su acrópolis del Hacho
rodeándola de espesas murallas, arduas torres y puertas de doble
entrada, fué imitado en 589 por el emperador Mauricio en Cartagena,
capital de la España bizantina, según lo patentiza una
insigne lápida cartagenera, que felizmente no ha perecido (i).
Por esta razón abrigo la esperanza de que, si diligentemente se
buscan, han de encontrarse en Ceuta dos lápidas, que respectivamente
mencionen la sobredicha erección del templo y de las murallas
Justinianéas.
Hubo de emprender estas obras munumentales Juan, que fué
el primer gobernador bizantino de Ceuta, designado y enviado
al efecto por Belisario desde Cartago en el año 534, según lo refiere
Procopio (i). Un año antes había acontecido un suceso memorable,
que narra el mismo historiador (2), é ilustra, hasta cierto
punto, lo que escribió San Isidoro; esto es, que el dominio de
los visigodos en Ceuta cesó con el advenimiento y superioridad
de los imperiales; los cuales, dueños de esta plaza amplísima, la
fortificaron, poblaron y embellecieron, apreciándola en su justo
valor como llave ele la navegación del Estrecho Hercúleo y como
principal baluarte de la Nueva Roma en el extremo Occidente.
Cuenta Procopio que no mucho antes que Belisario, con su
poderosa armada y tropas de desembarco arribase al África (3),.
Gilimer, último rey de los Vándalos, había enviado á Teudis dos
embajadores para solicitar su alianza y concurso efectivo contra
la invasión bizantina. Llamábanse Gotthéo y Fucias; navegaron
desde Cartago con rumbo al Estrecho de Gibraltar en busca de
Teudis,. y preguntando por él supieron que estaba lejos, mu}'
tierra adentro (4) sv X^P^P [*&*/£àv ^TIO dx\áoar¡c xstfxévtü. Antes.
que llegasen á la vista de Ceuta ya tenía Teudis aviso de la expedición
de Belisario; de la insurrección de la isla de Cerdeña y de
las Baleares, que habían sacudido el yugo de los Vándalos. Tan
hábil político como diestro guerrero, Teudis se mantenía neutral
y en la expectativa de ver si la fortuna torcía ó no el rostroá
la empresa de Belisario.
No bien se apoderó de Cartago este gran conquistador de toda
el África vandálica (5), un buque vino á España con viento favorable
desde aquel puerto, y trajo la noticia á los oídos de
Teudis. Él la conocía, mas no los embajadores de Gelimer, cuando
éstos, recibidos en audiencia dentro del palacio de la Corte
visigoda, expusieron su cometido. Teudis disimuló su pensar; los
acogió con agrado y los agasajó, reservándose contestarles,
prontamente y después de haber meditado sobre el asunto. De
sobremesa, y caliente el ánimo con el menudear de la copa, soltóles
esta frase ambigua: Regresad á la costa marina, y allí de
seguro sabréis lo que hay de bueno en vuestra patria. Pensaron
que no hablaba en serio, mas lo disimularon, juzgando que poco
valía la palabra de un hombre, á su parecer medio beodo. Al
día siguiente reanudaron la petición; pero Teudis, contestándoles,
no fué más explícito, con lo cual entendieron que algo grave
ocurría; aunque no tanto que Cartago hubiese caído en poder de
Bizancio. Llegados á Cartago, y cogidos en la ratonera, contaron
al generoso vencedor lo que les había ocurrido. Belisario se
sonrió y ningún daño les hizo.
Ceuta fué visigoda antes que bizantina. Creo que Teudis en
532 á 533) aprovechándose de la agonía del reino vandálico, se
apoderó inmediatamente de esta noble ciudad. Con ello se aviene
y explica la afirmación categórica de San Isidoro. Desmantelada
entonces y arruinada su fortificación antigua, permitía fácil acceso
á semejante golpe de mano.
Un año después, ó en 534, ordenaba Justiniano por una de sus
leyes (i), que Ceuta, devuelta por fin al imperio romano y oportunamente
fortalecida, estuviese bajo el mando de un Tribuno
militar y que dominando el paso del Estrecho Hercúleo fuere
estación naval de una flota, cuyos buques ligeros (Spótiwvsc),
recorriendo nuestro mar diesen aviso de lo que pasaba en el
litoral visigodo y franco.
Esta plaza fuerte, inexpugnable, al decir de Procopio, se vio
bloqueada por el ejército de Teudis, que ansiaba reconquistarla,
poco antes que un acero alevoso cortase el hilo de su vida. Tamaño
ardimiento del rey visigodo y tan funesto desastre de los
sitiadores, que refiere San Isidoro, ;cómo se explican? Conjeturo
que por la alianza ó confederación de Teudis y de Tótila, cuando
este monarca ostrogodo sembrando en toda Italia el terror de
sus armas contra los bizantinos una vez (año 547) Y ° t ra v e z (549)
se hizo dueño de Roma (1
Sobre otras peripecias del reinado de Teudis, y en particular sobre
la tolerancia y aun protección que este gran Príncipe, aunque era arriano,
dispensó á los católicos, según lo afirma San Isidoro, véase lo apuntado
en el tomo xxxvn del BOLETÍN, páginas 500-517 y en el tomo XLI, páginas
353-416.
En su Historia de la Plaza de Ceuta, pág. 96 (Madrid, 1859), expone
D. José Márquez Prado una antigua tradición, patrocinada por varios escritores
portugueses, acerca de la veneranda efigie de Nuestra Señora
de África, que se dice fué enviada por el emperador Justiniano para ser
colocada en el magnífico templo erigido en aquella ciudad y del que habla
Procopio. Al tenor de esta tradición, la sagrada imagen permaneció oculta
durante la dominación musulmana de Ceuta y reapareció siete siglos
más tarde en el Otero, ó en el mismo sitio que hoy ocupa, cercano á la
catedral.
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