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7/12/15

ÚLTIMA SIGLADURA DEL GUADALETE


José María Fortes Castillo -- Ceuta en el corazón
La tarde del 25 de marzo de 1954, pasará a la historia de nuestra ciudad como una de las más trágicas vividas en el siglo XX. El dragaminas Guadalete con base en Ceuta se hundía trágicamente en aguas mediterráneas, a 19 millas al este de Punta Almina y 30 al sur de Marbella. 
Esta tragedia que costó la vida a 34 marineros, hasta hoy, no se ha terminado de aclarar, a pesar de haber transcurrido más de medio siglo. 
Los días siguientes a la tragedia, en Ceuta no se hablaba más que del Guadalete. 
Ceuta es una ciudad que siempre ha vivido muy de cara al mar y todos los acontecimientos acaecidos en nuestras aguas, han impactado directamente en el pueblo ceutí. Esta frase la expreso en pretérito, porque cada vez más, la juventud vive más alejada de la dinámica que vivíamos en mi juventud. . 
Antes, los correos de Algeciras atracaban al principio del Muelle España. Esta cercanía nos hacía sentirlos como parte directa de la ciudad. En nuestras idas y venidas en el Paseo de las Palmeras, cuando veíamos que el Virgen de África o Victoria iba a atracar, casi siempre nos acercábamos a recibirlo. Lo siguiente era el paseo por todo el cantil del muelle. Todo esto hacía inevitable que nos familiarizáramos con los barcos que más frecuentemente solían estar atracados. Preguntar a cualquier ceutí de los años cincuenta o sesenta por el Guadalete, Capitán Parra, Agustín Buades, Cala Bonita, Santa Teresa, "el melillero", etcétera. Sería igual que si hoy preguntas a cualquiera de nuestros vecinos, por el Parque Marítimo, la Gran Vía o la playa de la Ribera. 
Este "modus vivendis" que teníamos, hizo que el hundimiento del Guadalete -como la tragedia del "Lobo" ocurrida cinco años antes-, nos doliera en lo más hondo de nuestros corazones. Fueron varias las familias que perdieron un ser querido, otros perdieron amigos, además, se perdió también un barco que bien atracado en el Muelle Alfau -haciendo carbón- o en el Muelle España, era una silueta del paisaje ceutí.
Se comentaba entonces, que la noche de su salida, el fuerte temporal de levante, era lo suficiente importante, como para que la autoridad militar competente, hubiese prohibido la salida. Máxime cuando esta se originaba con el objetivo de efectuar una singladura rutinaria, sin ningún objetivo específico. 
El Guadalete era un componente más de las siete unidades de la clase "Bidasoa", con las que contaba la Armada Española. Este tipo de barco, era de diseño alemán que la Kriegsmarine encargó a la Factoría Bazán, para que operaran en el Mar Báltico, que entre Finlandia y Suecia, se caracteriza por la tranquilidad de sus aguas. España quiso aprovechar la infraestructura y experiencia que la Empresa Bazán había adquirido fabricando los barcos alemanes, así que encargó las siete unidades, sin pensar que el Báltico se parece al Estrecho de Gibraltar en lo mismo que la Tundra Siberiana a la Sabana Africana. 
Desde que fue botado, el Guadalete y sus seis hermanos gemelos, eran ya obsoletos, como lo eran todos los barcos de vapor. 
Si analizamos que la Compañía Trasmediterránea sustituyó el Teodoro Llorente -vapor-correo que hacía la travesía Ceuta-Algeciras-, por la moderna motonave Miguel Primo de Rivera - más tarde bautizada como "Ciudad de Algeciras"- propulsada por dos motores diésel en el año 1926. No es de recibo que la Armada Española, bote 18 años después siete barcos propulsados a vapor. 
Para más "inri" estos barcos poseían dos calderas Yarrow de tiro forzado y diseñadas para el consumo del carbón alemán, de primerísima calidad y no el nefasto carbón que en los años cincuenta, utilizaba la Armada Española que veíamos en el cantil del muelle Alfau.
El Guadalete es botado el 18 de octubre de 1944 y diez años después, cuando su hundimiento, hasta los barcos de pesca eran propulsados por motores diésel. El "Lobo Grande" fue botado en 1941 y era propulsado por un motor diesel. Este "handicap", originaba problemas a la Armada, a la hora de contratar fogoneros, que como es sabido, era un trabajo obsoleto y altamente penoso. 
Teóricamente, el barco estaba diseñado para una tripulación compuesta por 90 hombres, El Guadalete solo llevaba 78 marinos a bordo. 
Con mucha y mediana mar, hocicaba excesivamente de proa, embarcando gran cantidad de agua. Diseñado y construido para aguas tranquilas, no poseía el suficiente franco-bordo o borda libre y los imbornales eran de un tamaño tan reducido que los incapacitaban para evacuar el agua que embarcaba.
Todas las deficiencias del barco, se pusieron de manifiesto esa trágica noche. El capitán de máquinas subió al puente a quejarse de la imposibilidad de evacuar las cenizas de la caldera de popa, la puerta del cenicero estaba a una altura, que entraba agua en cuanto la abrían. Se quejó también de que el carbón era prácticamente tierra -el carbón de baja calidad origina mucha ceniza y escoria y hay que deshacerse de ella, antes de echar de nuevo carbón-, y no podía crear la presión suficiente , como para salir de aquel infierno y llegar a refugiarse en la bahía de Alhucema, como era el objetivo. 
Del puente de mando se transmitían ordenes que en la sala de máquinas no podían cumplir. El barco estuvo a merced de las olas. Las calderas no alcanzaban la presión adecuada para cumplir las órdenes y lo que es preceptíble en estos casos, navegar con proa al tiempo fue imposible. Unas veces golpeado por babor y otras por estribor, lo sucedido fue inevitable. 
Aquel triste episodio, fue más comentado por el pueblo llano -es el que más suele sufrir con estas tragedias-, que por las autoridades, tanto de la Marina como gubernamentales. 
Analizando el suceso vemos que 34 marineros pagaron con sus vidas los errores de unos dirigentes incapacitados.
Comenzamos por el Ministerio de Marina, que quisieron aprovechar el proyecto y planos de la Kriegsmarine, sin pensar en qué clase de escenario se movían los encargados por los alemanes y donde destinaban al Guadalete. Seguro que la decisión fue tomada por uno o varios miembros del Ministerio, desde sus despachos en Madrid y que solo veían la mar cuando los veranos disfrutaban las vacaciones.
Barcos estudiados y diseñados con disciplina alemana, para navegar por las tranquilas aguas del Báltico, que se construyan para ser utilizados por la Marina Española, es lanzar un torpedo al sentido común. El Cantábrico, costas gallegas, el Estrecho o el Mediterráneo, no son comparable al tranquilo brazo de mar existente entre Finlandia y Suecia. 
Del carbón ya hemos hablado. Unas calderas diseñadas para combustible de primera calidad, quemando otro de muy baja, deja al descubierto, el poco nivel de las autoridades marítimas. 
La posguerra tuvo como resultado un gran problema económico y España en esos momentos, probablemente, no se podía permitir el lujo de utilizar como combustible para sus barcos, un carbón de superior calidad, pero para eso, el diseño de las calderas corre paralelo, al tipo de combustible que has de quemar. 
Todo este cómputo de errores, originados en los despachos de Madrid y el consiguiente ¡¡a sus órdenes mi ...!!, continuados por las autoridades de Marina de San Fernando y Ceuta, llevaron a 78 hombres una dramática noche del 25 de marzo, a sufrir una de las mayores pesadillas que ser humano puede vivir. Viento, frío, oscuridad, lluvia, olas de diez metros de altura y como resultado; 11 fallecidos, 23 desaparecidos y 44 supervivientes que quedaron marcados de por vida. Todo eso mientras los señores del Ministerio, dormían plácidamente en sus casas. Pero el gran error -perdón horror-, estuvo en las autoridades más cercanas, que no prohibieron la salida para llevar a cabo una singladura de rutina. 
En el año 1997, falleció el último superviviente de aquellos 44 que tuvieron la suerte de salvar sus vidas. Se llamaba Don Ángel Dueñas, natural de Santander. Estaba casado con Matilde Jiménez Segura, natural de Ceuta y de soltera vecina de mi barrio. 
Ángel cuando el naufragio, ocupaba el cargo de sargento mecánico. Posteriormente fue destinado a Rota, donde se jubiló como capitán de máquina. Últimamente vivía en San Fernando. 
Fueron 78 héroes, 78 valientes que deseo fueran reclamados por Nuestro Señor a su presencia y Este, les mandara bajo la protección del Manto de su Madre, Nuestra Señora del Carmen. 
Para finalizar, hacer resaltar el ocultismo con que se vivió la tragedia. Las pocas declaraciones que se hicieron sobre el suceso. Como si la muerte de 34 marinos, no tuvieran la menor importancia.
José María Fortes Castillo -- Ceuta en el corazón
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