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jueves, marzo 09, 2017

El Bucanero Azul Por Antonio Jiménez

Inverosímil
El  Bucanero  Azul
Por  Antonio  Jiménez

Introducción
     Mi amiga María Román, de Cunit (Tarragona), poetisa y escritora, me instó a que escribiera un pequeño cuento “inverosímil” sobre mi persona, para publicarlo en su último libro titulado “Cuentos Inverosímiles”. El título del cuento es “El Bucanero Azul”, y comienza así:
     Érase una vez:
Corría el mes de abril de 1888, y hacía pocos días que había sido inaugurada la Exposición Universal de Barcelona. Por aquel entonces, surcaba el Mediterráneo un velero que se dedicaba al transporte marítimo. El velero había sido bautizado como “El Bucanero Azul”, y pertenecía a una acaudalada familia de la “mítica” ciudad mediterránea de Ceuta.


     Dicha ciudad, se encontraba en el punto más al norte de África, y en sus calles, plazas o murallas, se podían ver vestigios romanos, fenicios o cartagineses.
     El capitán del velero se llamaba Antonio, y era uno de los  cinco hijos de la familia Jiménez.
     El velero, capitaneado por Antonio, solía transportar multitud de mercancías. A veces llevaba un cargamento de dátiles de Túnez a Barcelona o especias de Ceuta a Cartagena. La tripulación estaba compuesta por siete marineros, a los cuales el capitán los había bautizados como “Los siete samuráis”.
     Un día, el velero llegó a Tarragona con una carga de madera de ébano, zarpando días después con una carga de aceite de oliva rumbo a la ciudad de Orán. Al cabo de unos días llegaron a Orán y, después de descargar el aceite el capitán dio permiso a la tripulación para visitar la ciudad.
     Al día siguiente, uno de los marineros apodado “El gato verde”, contó al capitán de que había estado en una taberna del puerto, y que había escuchado una conversación entre marineros, referente a un barco capturado por unos piratas. Se trataba del “Esmeralda”, un velero perteneciente a la familia del duque de Osuna, que había salido del puerto de Acre con destino a Sevilla, y que a pocas millas de la costa había sido asaltado por los piratas, capturando a toda la tripulación y a una sobrina del duque llamada María Antonia de Osuna.
     El capitán se quedó pensativo, pues su familia conocía al duque de Osuna, que en cierta ocasión visitó el castillo de la familia Jiménez en Ceuta.
     -¿Y cómo está la situación? –Preguntó el capitán al marinero apodado “El gato verde”.
     -Tanto el barco, que llevaba un cargamento de telas de seda, como la tripulación, están retenidos en la isla de If, muy cerca de Marsella…es de esperar que los piratas pidan un rescate.
     -Bien –dijo el capitán al marinero-. Cuando esté cargada las pieles de cabras para Valencia, saldremos sin demora…avisa al resto de la tripulación.
     A las pocas horas el velero estaba lejos del puerto de Orán, y el capitán reunió a la tripulación en cubierta.
     -Os he reunido –dijo el capitán-, para haceros partícipe de que un barco del duque de Osuna ha sido apresado por unos piratas; están retenidos en la isla de If, y quiero saber si puedo contar con vuestra ayuda para liberarlos.



     No hubo que dar más explicaciones, toda la tripulación estaba de acuerdo en rescatar a los prisioneros. Al cabo del segundo día, y cuando el Sol se estaba poniendo, divisaron la isla de If. Esperaron a que se hiciese más de noche y se acercaron a la isla sin ser vistos. Atracaron en una pequeña cala lejos de los vigías piratas, y cuando la noche se hizo más cerrada, armados con fusiles penetraron en la fortaleza de la isla, no encontrando resistencia ya que los piratas estaban dormidos a causa de la gran cantidad de ron que bebieron.
     Abrir las celdas y deslizarse fuera de la fortaleza fue rápido, ya que los piratas dormían a pierna suelta. Cuando faltaba poco para amanecer, llegaron al velero y zarparon sin perder tiempo rumbo a Sevilla.

 

     Epilogo:
     Como todo cuento que se precie, éste no será menos y acabó bien. El velero “El Bucanero Azul” llegó sin novedad a Sevilla, donde la tripulación fue recompensada por el duque de Osuna. El capitán Antonio, se enamoró de María Antonia de Osuna, sobrina del duque. Al cabo de unos meses se celebró la boda y se fueron a vivir a Ceuta, al castillo de la familia Jiménez…y, colorín colorado, éste cuento no se ha acabado.

Escrito por Antonio Jiménez, para el libro de María Román
Titulado “Cuentos Inverosímiles”
Cunit (Tarragona) 2014




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