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7/10/17

LA EUFORIA DE LA VIDA.- (MICRORRELATO)



Felicidad Hurtado
Me guiñaste un ojo al pasar junto a mí y yo te sonreí, ¡vaya que sí! que me dio una risa…Me guiñaste y me perdí entre dos mares cuando de niña los chicos les guiñaban a las chicas, y ellas les sonreía...Esa sonrisa que yo percibí en un instante de mi vida, quedó en el aire dormida y latente, pero viva…Era como si estuviera alerta a un despertar lejano, donde sólo la complicidad y la picardía se daban la mano. No lo pensé ni un instante y seguí sonriendo tras ese guiño como una chicuela adolescente. Estaba poseída por una fuerza interior que me empujaba a ir tras de ti, y tu sabiéndote ganador me llevaste por sendas inconfesables, donde la curiosidad se apoderó de las emociones más atrevidas de mi ser. No había nadie en aquel portal. Tan sólo tú y yo, y me dejé abatir por la aventura de traspasar los límites estipulados por la sociedad. No sentía nada de vergüenza. Era como si nos conociéramos de toda la vida. Nuestras manos batallaron en una lucha infinita escarbando por lugares recónditos, mientras boca con boca se liaron a batallar contra besos distorsionados de deseos, enganchándose las piernas en un abrazo interminable de tirabuzón y cuando estábamos casi culminando el baile del apasionado encuentro, se oyeron pasos bajando los escalones…Salimos pitando de allí como dos chiquillos haciendo travesuras, como cuando llamaba a todas las puertas de los pisos y te seguí...Te seguí como un galgo por la calle, toda llenita de gente desconocida, algunos conocidos por mí. Me escabullí entre ellos corriendo, corriendo tras de ti. Parecía que estábamos jugando al Rol en vivo y en directo, donde cada miembro del grupo lleva un instrumento con poderes para ir ganando. Tu llevabas una espada, la espada de Damocles, esa que pende de un hilo, como diciendo…ten cuidado, ten cuidado, que hay mil ojos diferentes acechando por las esquinas, espiando cada movimiento...pero...¿qué me importaba a mí la gente si aquella aventura era de lo más emocionante? Estaba hechizada, como poseída por una fuerza interior que me arrastraba a no detenerme jamás. Corrí y corrí tras de ti guiada por ese guiño atrevido y sugerente a la vez. Yo llevaba una caja de sorpresas, ¡vaya que sí! que cuando la abrí hasta yo misma me sorprendí al ver lo que contenía. Estaba llena de máscaras, y en cada una de ella había escrita una palabra...Niñez, Inocencia, Pudor, Curiosidad, Sueño, Ilusión, Esperanza. Un sinfín de adjetivos y apelativos referentes a las distintas etapas de la vida personal, de las cuales, ya sabía por propia experiencia, además contenía también varios uniformes femeninos, donde la niña, la hija, la colegiala, la hermana, la novia, la esposa y la madre se llevaban la palma. Me quedé patidifusa, sin reaccionar y seguí adelante, siempre tras de ti, sabiendo, que tu espada pendía sobre mi cabeza. De repente llegamos a un callejón, y en la curva, justo en la mitad, en un arrebato de ardor, nos besamos apasionadamente mientras me susurrabas al oído frases atrevidas y llenas de picardía seguida de ese guiño…Imagínate que estamos en un pajar los dos solos, revolcándonos como animales…Y yo sonriendo te sugería… No, mejor sentados en la butaca de un cine, viendo una película con las manos empeñadas en disfrutar del paquete vacío de palomitas…Y tú guiñándome…No, no, en un autobús repleto de gente, y yo tras de ti, respirando fuerte, para que escuches bien cuánto te deseo…Te miraba y me reía hasta que se nos acabaron las palabras y los besos…Y seguimos nuestras andanzas caminando de la mano, como si fuéramos novios de verdad hasta un jardín oscuro, oscuro y lleno de árboles altos y frondosos. No había nadie, tan sólo tú y yo y ahí fue donde descubrí otra máscara, la que llevaba puesta en la cara…La que te sonreía cuando tu me besabas y me abrazabas. Me apoyé sobre ese árbol y me dejé querer como nunca, abandonándome a la oscuridad de la noche y a tus ardientes manos de pasión, sin importarme nada, pasando del mundo y de los ecos lejanos. Me daba igual, como si nadie existiera tan sólo tú y yo…Me sentí fuerte y poderosa, como si fuera la dueña de mis emociones y de mis pensamientos, ¡vaya que sí! Que tenía el universo en mis manos y a mis pies…Estaba toda eufórica, como si tuviera alas…Era el momento más emocionante de mi vida…No sabía yo que tras ese guiño y aquella sonrisa se escondiera la euforia de la vida…
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