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13/5/18

Dragones en la azotea

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Ceuta es un mosaico multicultural donde lo español se funde con la herencia fenicia, romana y árabe. De la mezquita de Mulay el Medí al Parque Marítimo del Mediterráneo, un día en la ciudad autónoma




Hay quien no puede reprimir el pellizco en el estómago. Cuando uno zarpa a Ceuta desde el puerto de Algeciras (estación marítima Bahía de Algeciras; 956 58 54 63) ve en todo momento la silueta de África. Son 14 kilómetros. En media hora uno se planta en el continente vecino y se da cuenta de la multiculturalidad de esta ciudad de 80.000 habitantes. Cristianos, musulmanes, hindúes y judíos conforman una miríada alucinante con deje andaluz y árabe. La cabeza entrará en modo reset. Y puede que algún ceutí se lo haga saber: "El que se viene a Ceuta a vivir obligado por su trabajo entra llorando. Y cuando sale, también". Dicen que la ciudad engancha.

9.40 Entre dos mares
Aparece blanca. ¿No tiene un aire a Cádiz? O incluso a Gibraltar. Su peculiar emplazamiento ha hecho que a lo largo de la historia haya pasado por manos de fenicios, vándalos, romanos, visigodos, árabes, portugueses y españoles. Es, sin duda, una ciudad mosaico. El Atlántico y el Mediterráneo confluyen en el foso de San Felipe, en las Murallas Reales (1) (avenida de San Francisco Javier, s/n). Habrá que pasar un rato curioseando por estos lienzos de piedra dorada que hacen imaginar lo codiciada que fue esta punta de tierra. Quizá a estas alturas ya haya escuchado un castellano de ecos gaditanos y dariya, dialecto árabe de Marruecos. Las culturas occidental y árabe están muy integradas en Ceuta.
11.00 Caballas y especias
Miren hacia arriba. Ahí está el minarete verde y blanco de la mezquita de Mulay el Medí (2) (avenida de África, s/n), construida en 1940. Y entrando en el cogollo del centro se erige la catedral de Nuestra Señora de la Asunción (3) (plaza de África, s/n), ocre y blanca, a medio camino entre las iglesias andaluzas y las de América Latina. La plaza guarda una sorpresa: el Palacio de la Asamblea, sede del Gobierno de la ciudad autónoma, inaugurado por el rey Alfonso XIII y que recuerda a un palacete parisino. Ahora hay que rebobinar la historia: Ceuta tiene uno de los escasos yacimientos fenicios de España. Es del siglo VII antes de Cristo y se puede visitar (plaza de África, s/n). Esta civilización vino por mar y aún hoy el agua determina la vida de los ceutíes. No es raro verles hablar del oleaje o de los vientos de Poniente y Levante, cuyos temporales condicionan su relación con la Península. Si hace buen tiempo, siéntese un rato a contemplar el horizonte en las playas de la Ribera (4) (calle de la Independencia) y del Chorrillo (5) (avenida de Martínez Catena). En verano están hasta arriba. En invierno hay gaviotas y paseantes abrigados. Cerca se encuentra el enorme paseo del Alcalde Sánchez Prado (6), pero nadie lo llama así. Es conocido popularmente como la Gran Vía (ideal para tomar un café o ). Al final de la calle está Sol, haciendo una comparación con Madrid, y el mercado central - - (7), donde saltan los pescados frescos (muchas caballas, por algo este es el otro gentilicio de los ceutíes) y se siente el olor de las especias árabes e hindúes. De aquí a los restos de la basílica tardorromana (8) (calle de Queipo de Llano, s/n), con el ábside hacia Jerusalén y testimonio de los inicios del cristianismo, y a los antiguos baños árabes (9) (plaza de la Paz, s/n), de los siglos XII y XIII.





12.15 La hora del vermú
Déjese sorprender por la elegancia del edificio Trujillo (10) (paseo del Revellín, 1), de principios del siglo XX, que lo mismo podría estar en Praga que en La Habana. Entreténgase con el barullo del paseo del Revellín, la iglesia de San Francisco (11) (calle Real, s/n) y la monumentalidad de la Casa de los Dragones(12) (esquina de la calle de Camoens con Millán Astray), un alarde historicista que sorprende con sus cuatro lagartos a punto de echar a volar. El jaleo continúa en la sugerente plaza de los Reyes (13), cuyas inmediaciones se llenan en las procesiones de Semana Santa y el Carnaval, que bebe bastante del de Cádiz. Hay mucha gente en los bares. Claro, es la hora del vermú. A tapear a Pacho (14) (Beatriz de Silva, 7), El Pescaíto Frito (15) (Méndez Antioco Solís, 9) y La Juana(16) (plaza de los Reyes, s/n). Un tentempié para el cuerpo y ahora otro para el espíritu: imágenes a todo color y con suerte algún cántico en el oratorio hindú Mandhir de Durga Mata (17) (calle de Algeciras, s/n).

El Pescaito Frito, Ceuta,

14.00 ¿Un pirata chato?
Un respiro. En un acantilado salvaje se encuentra el monte Hacho. De camino, el restaurante Al Andalus (18) (carretera del Hacho, s/n; 956 51 39 21), con vistas al mar. Deliciosos cuscús, tajín de cordero, pollo a la rifeña, pescados y pinchos morunos. De postre, té a la menta y pastas a base de almendras, miel y pistachos. Luego, recorrido agreste por el monte, el parque de San Amaro, el mirador de San Antonio y el faro. El viento despeina y la sal entra en los pulmones. De repente, una enorme fortaleza. Es el Museo del Desnarigado (19) (carretera del Desnarigado, s/n; 956 51 40 66), que debe su nombre a un pirata que o era chato o se quedó sin fosas nasales por alguna escabechina y huyó desde Argelia en el siglo XV para asentarse cerca de este promontorio. El castillo alberga el Museo del Ejército (algo normal en una ciudad donde el 40% de los terrenos es propiedad militar), con armamentos, uniformes y piezas desde el siglo XVI.

17.30 La mujerona tumbada
El otro extremo de la ciudad también huele a campo. El yacimiento de la pedanía ceutí de Benzú (20), con descubrimientos sobre el paleolítico y neolítico que han puesto patas arriba la prehistoria, no se puede visitar, pero su entorno es espectacular. Rocas, acantilados, playas y más mar. En el pueblecito se encuentran varias teterías auténticas y acogedoras. Olor a yerbabuena y amigos de cháchara. La mayor escapada de los ceutíes. Lo más lejos que se pueden ir en una ciudad constreñida por su frontera con Marruecos. No hay que marcharse sin divisar la llamada Mujer Muerta, una roca gigante donde el tiempo ha tallado una figura femenina con ojos, nariz, boca y pechos. Detrás, aunque no se ve, está la famosa isla de Perejil.

19.30 Mojitos marineros
Puede que la gente se agolpe a la entrada de la mezquita de Sidi Embarek- - 21 (Claudio Vázquez, s/n), la que congrega a más musulmanes. Aún espera el Parque Marítimo del Mediterráneo - 22, orgullo de los ceutíes. Son 56.000 metros cuadrados con tres grandes lagos de agua salada, obra del artista canario César Manrique. Hay playas artificiales, jardines, islas con palmeras, restaurantes, bares y un casino. En la estación náutica se puede practicar buceo para ver los impresionantes corales de Ceuta. Y la cena no puede ser otra: marisco en La Barraca o cocina mediterránea a base de pescado en La Peña y El Rincón, los tres ubicados en el parque. El Poblado Marinero concentra la marcha nocturna. Puede que esté reventado, pero ¿le va a decir que no a un mojito frente al peñón de Gibraltar? Casi se puede tocar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de diciembre de 2010
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