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CEUTA ESPECTRAL


Lunes 26 de Octubre, 2015.

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En la convergencia de dos continentes, Europa y África, existe una pequeña ciudad milenaria, Ceuta, donde las culturas cristiana, musulmana, hebrea e hindú conviven frente a un mismo mar, dividido en dos por el Mediterráneo y el Océano Atlántico. Bereberes, romanos, visigodos, árabes, bizantinos, hebreos, hindúes, españoles, portugueses, púnicos y mauritanos han dejado una huella imborrable a su paso por una población, epicentro de sorprendentes fenómenos paranormales conectados con su rica historia. Por José Manuel Frías

Con un clima estable la mayor parte del año, este rincón ubicado a tan solo 25 kilómetros de la península Ibérica oculta en sus entrañas sucesos sobrenaturales de todo tipo, historias insólitas que duermen apaciblemente en la memoria popular de sus habitantes y en los viejos legajos. De entre ese abundante abanico de enclaves misteriosos, sobresalen con fuerza los inmuebles, antiguos y modernos, en uso o en ruinas, que han albergado o aún albergan una impresionante actividad poltergeist, de cuyos fenómenos han sido testigos ciudadanos de a pie, agentes de seguridad y policías.


POLICÍAS, TESTIGOS DE LO INSÓLITO
A eso de las tres de la madrugada del 9 al 10 de noviembre de 2002, la calle San Amaro permanecía tranquila. El Tanatorio Municipal se encontraba en silencio. En su interior, las dos vigilantes de turno, Encarni y Gema, descansaban en una habitación cercana a la puerta principal, puesto que aquella madrugada no estaba previsto ningún velatorio. Una de las chicas se encontraba estudiando unos apuntes, mientras su compañera leía una revista. De repente, esta última escuchó algo que la sacó de su ensimismamiento. Se trataba de un sonido que se iba haciendo más y más audible. Hasta lograron identificarlo como el lamento desconsolado y continuo de una mujer.
Rápidamente, se incorporaron de sus asientos y salieron a la calle, pensando que alguien estaba en apuros a causa de un accidente o un atraco. Sin embargo, en la vía reinaba la tranquilidad. Ni rastro de aquel sonido. De todos modos, por si acaso, las vigilantes hicieron una ronda alrededor del edificio, sin hallar ninguna causa que explicara lo sucedido, por lo que ingresaron de nuevo en el Tanatorio Municipal. Nada más cruzar  la puerta de entrada, los gritos regresaron. Esta vez parecía que procedían del interior del propio inmueble. Los lamentos retumbaban en las paredes, sin que se pudiera señalar su procedencia. Paralelamente a los gritos, se dejaban oír unos murmullos similares a los producidos por personas presentes en un velatorio. Encarni y Gema decidieron inspeccionar el interior del tanatorio, recorriendo una por una las salas mortuorias de la planta baja. En cierto momento, les dio la impresión de que los lamentos surgían del segundo piso, así que hacia allá se dirigieron. Pero cuando estaban subiendo las escaleras, los gritos parecían provenir de la planta baja. Tras un momento de desconcierto, las chicas tomaron la decisión de llamar a la Policía Local… 
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