D. José García Aldave - 1914..CEUTA




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 García Aldave, José. Marqués de Guelaya (I). Caracas (Venezuela), 1.VIII.1845 – Madrid, 28.IV.1914. Militar destacado estratega en las guerras de Cuba y Marruecos.

Ingresó en la Academia Especial del Cuerpo de Ingenieros el 9 de agosto de 1861. A los cuatro años de permanencia en el centro solicitó el ingreso en la de Estado Mayor obteniendo plaza en la misma el 1 de septiembre de 1865. Tres años más tarde fue promovido al empleo de alférez alumno con grado de teniente de Infantería. A finales de junio de 1870 terminó sus estudios obteniendo el empleo de teniente de Estado Mayor. Durante catorce meses más permaneció agregado a diferentes unidades en comisión de prácticas, hasta noviembre de 1871 que ascendió a capitán y pasó destinado a la isla de Cuba. En ese momento era uno de los oficiales jóvenes de mayor preparación científica y técnica del Ejército, pues había permanecido nueve años en dos de los más prestigiosos centros de enseñanza militar.

Antes de incorporarse a su destino contrajo matrimonio con María Belén Mancebo, con la que emprendió viaje hacia La Habana, efectuando su presentación en la Capitanía General de la isla en diciembre de 1872. Comenzó su vida militar en ultramar a las órdenes del brigadier Adolfo Morales de los Ríos, jefe de la 2.ª brigada de la 1.ª división del ejército de la isla, entrando en combate en el lugar de Zarzal el 4 de junio de 1873, por cuya participación le fue concedido el grado de comandante de Infantería, pasando a inspeccionar el estado de las torres defensivas de la trocha de San Luis en Palma Soriano.

La lucha irregular, pero sostenida, entre el ejército y los grupos insurrectos continuó durante 1874, lo que supuso para el joven oficial una incesante actividad en la que se superponían los trabajos en la trocha con los choques armados con partidas dispersas por la región de la costa Norte. Durante el primer semestre de 1875, García Aldave se hizo cargo de la línea férrea de San Luis reforzando defensas y dirigiendo la construcción de nuevos fuertes. En junio pasó destinado a Santiago como jefe de Estado Mayor, habiendo ascendido días antes al empleo de comandante de su Cuerpo por méritos de guerra.

En el nuevo destino participó en decisivos encuentros con el enemigo, especialmente los que tuvieron lugar durante el año 1876 en Baños Calientes, Los Negros, Brazo Escondido y Cayo Rey. Por estas acciones fue recompensado con el grado de teniente coronel del Ejército. En enero del año siguiente partió como jefe de operaciones de la columna volante del brigadier José Galbis en persecución de las partidas mandadas por Maceo. Recorrió las regiones de Baracoa y Guantánamo señalándose en el combate librado en la Sierra del Mico y la toma del poblado de Anguilla.

Dirigió la reconquista de Pueblo Nuevo y los Pilotos, participando como combatiente hasta el fin de la campaña tras la firma del convenio de Zanjón (12 de febrero de 1878).

Pacificada la isla, le fue concedido el grado de coronel del Ejército y destino a la Comandancia General.

El levantamiento de partidas en Holguín durante el mes de agosto de 1879 lo puso de nuevo en campaña al mando de una columna con la que recorrió la región durante los meses de la denominada Guerra Chiquita, a las órdenes del general García de Polavieja. Las operaciones se hicieron especialmente cruentas por Palma Soriano, Longo y Guantánamo, en este último lugar sostuvo enfrentamientos con las partidas del cabecilla Limbano Sánchez, que se rindió el 22 de julio de 1880, con lo que quedó pacificado el territorio.

En junio de 1881 García Aldave regresó a la Península para hacerse cargo de su destino en el Depósito de la Guerra. A los ocho meses de permanencia en Madrid fue designado jefe de Estado Mayor de la Capitanía General de Galicia, donde permaneció hasta septiembre de 1883 que embarcó en el puerto de La Coruña nuevamente hacia Cuba. En La Habana prestó sus servicios en la Capitanía General durante siete años sin interrupción, y durante este tiempo ascendió a comandante de Estado Mayor por antigüedad.

A pesar de los esfuerzos de pacificación llevados a cabo en la isla por los generales Martínez Campos y Polavieja, el bandolerismo se convirtió en una pesadilla para la población civil y por ende para el Ejército.

En septiembre de 1891 García Aldave recibió la orden de reconocer y mejorar los campamentos, cantones y destacamentos de las fuerzas destinadas a la persecución de las partidas en las provincias de La Habana, Matanzas y Pinar del Río. A finales de año el número de actos de bandidaje se había reducido a niveles desconocidos. Pero el constante ir y venir por territorios insalubres acabó por postrar al militar en la cama de un hospital. Ante la gravedad de su estado de salud recibió licencia para trasladarse a la Península durante seis meses, embarcando en La Habana en junio de 1892.

Finalizada la licencia, regresó a Cuba, donde quedó prestando servicios topográficos hasta finales de 1893, cuando por haber cumplido el período obligatorio de permanencia en ultramar regresó a España como ayudante de campo del general jefe del 6.º cuerpo de ejército. Pero el denominado Grito de Baire (24 de febrero de 1895), primer toque de generala de los independentistas cubanos, puso de nuevo en estado de guerra a las tropas españolas de la isla. Entre los militares conocedores de las peculiaridades geográficas, políticas y defensivas de Cuba se hallaba García Aldave.

Así, en mayo fue destinado a las órdenes del capitán general Martínez Campos, quien le confirió el mando de la 2.ª brigada de la 4.ª división de operaciones en la región de Las Tunas.

Las tropas embarcaron en Júcaro rumbo a Santa Cruz y Manzanillo, donde el foco de la insurrección se mostraba más beligerante. En Casa Blanca encontraron fuerte resistencia y el 27 de agosto se hallaron ante una concentración enemiga que les hizo frente en el poblado de las Delicias. García Aldave ordenó cargar a la caballería y a su frente produjo al enemigo una considerable derrota, con numerosas bajas y gran número de prisioneros. En consideración a esta brillante acción militar fue ascendido a general de brigada. Posteriormente, por la liberación del destacamento de Guamo, fue recompensado con el ascenso a general de división a propuesta del capitán general Blanco y Erenas.

Finalizada la guerra recibió la misión de organizar la repatriación de tropas en Cienfuegos hasta el 2 de febrero de 1899, que embarcó en el vapor Alfonso XIII rumbo a Cádiz. En la fecha de embarque era uno de los militares españoles con más tiempo de permanencia en Cuba al mando de unidades operativas.

Poco tiempo descansó el soldado en Madrid, pues en julio de 1900 fue designado gobernador militar de Valencia, y en diciembre del año siguiente el mismo cargo en la provincia de Murcia y plaza de Cartagena.

En esa responsabilidad permaneció durante siete años, hasta junio de 1907 que nuevamente, como gobernador militar, pasó a Ceuta. Desde su llegada se encargó de reforzar las defensas de la plaza y planificar la posible expansión territorial de España en virtud de los acuerdos de Algeciras. De manera pacífica y haciendo uso de una excepcional política de atracción con las autoridades nativas, realizó la penetración española por la región de Tetuán, operaciones que fueron recompensadas por el gobierno de José Canalejas con el empleo de teniente general.

La situación militar en la zona de Melilla se había convertido en guerra abierta con la región del Rif a partir del verano de 1909. Era, pues, apremiante la presencia de un probado estratega para dirigir las operaciones.

García Aldave fue nombrado capitán general de Melilla con fecha 25 de agosto de 1910, y a partir de ese momento llevó a cabo la planificación de las diversas operaciones, tanto defensivas como de penetración.

El 25 de diciembre de 1912 cesó en el cargo y quedó en situación de cuartel en Madrid. A los tres meses fue designado capitán general de la 3.ª región militar, con cabecera en Valencia. En este cargo el rey Alfonso XIII le concedió el título de marqués de Guelaya en atención a los méritos contraídos por su gestión militar y política en los territorios españoles del Norte de África. Había, sin embargo, un inconveniente para la expedición del Real Despacho, pues, conforme a la normativa vigente en aquella época, era necesario satisfacer el impuesto sobre grandezas y títulos, cuya cuantía era sumamente elevada, de tal manera que a quien no abonaba los derechos establecidos no se le expedía la Real Carta y, en consecuencia, se consideraba que no había entrado en posesión del título, y éste quedaba sin efecto. Sin embargo, en otros casos en que se había querido distinguir a una persona con una dignidad nobiliaria, bien por razones económicas o bien por entender que el reconocimiento de eminentes servicios prestados a España debía ampliarse a la exención de la cuota tributaria que gravaba la concesión de un título, el Gobierno remitía a las Cortes un proyecto de ley exonerando del impuesto de grandezas y títulos el otorgamiento de la merced, pues sólo por una norma con rango de ley era posible tal exención. Con este motivo, la Gaceta de Madrid del 26 de octubre de 1913 publicó un Real Decreto del día 23 anterior por el que se autorizaba al Gobierno a presentar a las Cortes un proyecto de ley concediendo la exención del pago del impuesto sobre grandezas y títulos al marquesado de Guelaya otorgado al teniente general José García Aldave por Real Decreto de 6 de marzo último por los relevantes méritos del interesado. Previamente, por una Real Orden de 28 de junio de aquel mismo año se le había concedido una prórroga de seis meses para el pago del impuesto. Ocurrió que las Cortes fueron disueltas y el proyecto de ley, al no haber sido aprobado, quedó sin efecto. Entretanto, el teniente general García Aldave continuaba su brillante carrera militar, siendo designado, por Real Decreto de 5 de marzo de 1914, comandante general del Cuerpo y Cuartel de Inválidos.

A finales de ese mes se constituyeron nuevamente las Cortes, pero apenas duró un mes más con vida.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), exp. personal, 1.º, G-1130.

C. García de Polavieja, Relación documentada de mi política en Cuba, Madrid, Imprenta de Henrich y Cía., 1898; A. Pirala, Anales de la guerra de Cuba, Madrid, Imprenta Felipe González Rojas, 1898; V. Weyler, Mi mando en Cuba, Madrid, Imprenta Felipe González Rojas, 1910; J. M. Gárate Córdoba, España en sus héroes, Madrid, Ornigraf, 1968; VV. AA., Historia de la campaña de Marruecos, Madrid, Servicio Histórico Militar, 1981; J. M. Mayoralgo y Lodo, conde de los Acevedos, “Marqués de Guelaya: Un título que no llegó a nacer”, en www.diputaciondelagrandeza.es/historia.aspx.

 

Miguel Parrilla Nieto

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