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Antonio Romero Vallejo escultor de ceuta...blogceuta



 Escultor ceutí Antonio Romero Vallejo, autor tambien de los nuevos dragones que adornan la Casa de los Dragones.









 

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EL HÉROE DE CEUTA FERNANDO DE LEYBA

INVESTIGADORES RECIENTES HAN DEMOSTRADO QUE EL CAPITÁN FERNANDO DE LEYBA NACIÓ EN CEUTA SEGÚN LA PARTIDA DEBAUTISMO ENCONTRADA POR EL CRONISTA DE CÉUTA JOSÉ LUIS GÓMEZ BARCELÓ

iIlustración del héroe Fernando de Leyba





Fernando de Leyba nació en Ceuta el día 24 de Julio de 1734 y así ha sido demostrado por las investigaciones realizadas por Dª Kristine L. Sjostrom, de Connecticut (EE.UU.), titulada en Relaciones Internacionales y especializada en Economía Política Internacional, investigadora independiente, Cronista oficial y miembro de la Sociedad Nacional de las Hijas de la Revolución Americana en España (NSDAR-España).
La línea de investigación fue confirmada tras recibir copia de la Partida del bautismo de Fernando de Leyba, solicitada al querido Cronista de la Ciudad de Ceuta D. Jose Luis Gómez Barceló y donde además figuraba la fecha de nacimiento.
Dicho bautismo se celebró en la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. La hazaña de este ilustre personaje ceutí nos la relata a continuación la investigadora Kristine en un breve resumen:
“Fernando de Leyba (1734-1780). Fernando de Leyba, Capitán de Infantería, fue uno del centenar de Oficiales españoles que sirvieron en la Luisiana española durante los cuarenta años que la provincia estuvo bajo el dominio de los Reyes Carlos III y IV (1764-1803).
El mandato de Leyba en San Luis de Ilioneses como Teniente Gobernador en tiempos de la Guerra de la Revolución Americana, le brindó la oportunidad de mostrar su gran mérito en el Servicio Real y su apoyo a la causa americana cuyo éxito tuvo como resultado la independencia de las Trece Colonias británicas.
Nacido en el enclave español y Plaza militar de Ceuta el 24 de julio de 1734, Fernando fue el quinto de siete hijos nacidos a Dª Josepha Vizcaygaña, ceutí e hija de notario, y el Capitán de Infantería D. Gerónimo de Leyba y Córdova, descendiente de los Leyba y Córdova de Antequera cuyas raíces y larga tradición militar se remontan a la reconquista de aquella ciudad.
Durante siglos y por su condición de hijosdalgo notorios, los Leyba y Córdova sirvieron a sus monarcas en el campo de batalla, siendo una carrera militar en el Ejército de Carlos III el destino de muchos descendientes de esta familia.
Fernando dejó Ceuta siendo muy joven por traslado de su padre al Norte de España. Su juventud la pasaría en Cataluña donde a los dieciséis años ingresó de Cadete en el Regimiento España. Con 28 años y siendo Subteniente con el Regimiento de Aragón, participó en la defensa de la Habana contra el asedio inglés de 1762 en cuya acción fue tomado prisionero de guerra cuando el Castillo del Morro que defendía cayó ante las Armas Inglesas.
A su vuelta a España, Leyba fue promovido a Teniente y cuatro años y medio después a Capitán, recibiendo en esta ocasión el mando de una Compañía en el nuevo Batallón Fijo de la Luisiana destinado a guarnecer la Plaza de Nueva Orleans. Once años más tarde sería ascendido a Teniente Coronel graduado, aunque de ello nunca se enteraría por fallecer antes de llegarle la noticia.
Leyba llegó a la provincia de la Luisiana en agosto de 1769 con la Expedición O’Reilly que el Rey ordenó para retomar posesión de la colonia después de la expulsión del Gobernador Antonio de Ulloa el año anterior.
Fue asignado el mando en Nueva Orleans de la Tercera Compañía de fusileros. A lo largo de su carrera también mandaría en puestos fronterizos: el Puesto de Arkansas (1771-1774) y el de San Luis de Ilioneses (1778-1780).
El mando en Arkansas, 250 leguas (800 km) al Norte de la capital, sirvió de formación para el Oficial que desconocía por completo la vida y modos de la frontera norteamericana. A su llegada halló un fuerte en lamentables condiciones con su estacada y cuartel a falta de reparaciones, las tropas sin pagar y a punto de rebelión y una inexplicable falta de harina y por tanto carencia de pan.
Una vez resueltos estos problemas, se centró en fomentar el bienestar general de los habitantes, en controlar el comercio y la venta de alcohol en el puesto, y en mantener las buenas relaciones con sus caprichosos vecinos, los indios Quapaw.
También traía orden de su Gobernador de entablar la paz con los indios Osage, nación dada a la guerra y que sin piedad robaba a los cazadores en los ríos. Con el más eficaz uso posible de sus pocos recursos y con mucha paciencia, llegó a gobernar el puesto a satisfacción de sus superiores.
Su mala salud sin embargo, le obligó a dejar el mando después de solo tres años con lo que volvió en la primavera de 1774 al mando de su Compañía en Nueva Orleans.
Una vez restaurada su salud y motivado para adelantar en su carrera militar recibió de su nuevo Gobernador en la Luisiana y Coronel de Batallón, D. Bernardo de Gálvez, el mando en San Luis donde serviría de Teniente Gobernador del Partido Occidental del Ilioneses, territorio que se extendía desde la desembocadura del río Ohio hasta Canadá y desde orillas del río Mississippi hasta las montañas Rocosas, siendo dicho río la frontera natural que lo separaba de los dominios de Su Majestad Británica.
Esta parte española del Ilioneses comprendía lo que son hoy día los estados de Missouri, Iowa, Minnesota, Kansas, Nebraska y los Dakotas Norte y Sur. Para su nuevo destino salió de la capital con su familia (esposa y dos hijas pequeñas) en un viaje de 93 días que les llevaría 500 leguas (1.600 km) por el río al joven y próspero asentamiento de San Luis.
Fue con entusiasmo y determinación que Leyba tomó el mando en su nuevo puesto, encargándose de fomentar el cultivo, regular el comercio y atender las necesidades de las naciones indias que con frecuencia acudían al puesto. En correspondencia con su Gobernador propuso numerosos planes que favorecerían la economía y control del territorio.
Durante su gobierno en Ilioneses consiguió dos importantes mejoras: hizo cortar un camino de 100 km desde San Luis al pueblo vecino de Sta. Genoveva y creó un cuerpo de milicias a caballo que llegaría a serle de gran utilidad en un futuro próximo.
El momento histórico en que le tocó a Leyba gobernar en San Luis, a mediados de la guerra de la Revolución Americana, hizo posible un servicio singular pues su llegada a Ilioneses coincidió con la del Coronel americano George Rogers Clark que vino al frente de una milicia de “rebeldes” de Virginia para conquistar los puestos británicos del Illinois Country. Con las victorias de Clark, las fuerzas americanas extendieron su zona de operaciones hasta la frontera con España, el río Mississippi.
Aunque de momento España mantenía su neutralidad en la guerra, tenía interés en ver derrotado a su inveterado enemigo y apoyó de forma secreta a los colonos americanos con provisiones, municiones y dinero.
Fue con esta intención que Leyba llevó consigo y bajo bandera con las Armas Reales de su Monarca, una embarcación cargada de provisiones para entregar a los americanos a fin de que estos luego las trasladasen por el río Ohio hasta Pennsylvania.
También llevaba instrucciones particulares de su Gobernador que incluía dos disposiciones de especial cuidado y confidencialidad: indagar sobre el progreso de la Revolución y hacerle llegar toda carta que llegase de líderes americanos. Así fue que junto con Clark, Leyba se convirtió en línea de comunicación interior, o liaison, entre Nueva Orleans y Virginia.
Con lo que comenzó por hacer eco del mismo sentimiento que su gobierno extendía hacia el gobierno americano de ayudar a las colonias en lo que podía, Leyba entabló una íntima amistad con Clark informándose así de las últimas noticias sobre la guerra.
También intercambiaban pliegues y correos destinados a sus respectivos gobernadores, documentos de importancia que no se podían confiar por mar. Fue una empresa de considerable peligro, particularmente para los expresos empleados para este fin y que con frecuencia caían en emboscadas indias.
El servicio en la frontera americana en tiempos de guerra estaba repleto de dificultades y exigía sacrificio. Pues aun cuando España no participaba oficialmente en la Guerra de Independencia americana, los ingleses sabían de su fraudulenta neutralidad y cualquier amenaza que podían sufrir los americanos, bien sabía Leyba que podía dirigirse hacia él.
Leyba se mostraba neutro en la protección de desertores tanto ingleses como americanos, pero la ayuda que prestó a los hombres de Clark, al buscar la manera de proveerles cuando la falta de provisiones en general y la devaluación de su moneda hizo imposible que consiguiesen hasta lo más esencial para su subsistencia, no solo le pondría en evidencia ante los ingleses, sino que le buscó a Leyba la ruina personal.
La entrada de España como aliado de Francia en la guerra en junio 1779 fue la excusa que bastó a los ingleses para retomar no sólo los puestos que perdieron a Clark sino todo el valle del río Mississippi.
Atacando desde el Norte, su primera conquista sería a los pueblos de San Luis y Cahokia (asentamiento americano al otro lado del río) y su meta final sería la Plaza de Nueva Orleans.
Es por la defensa del pueblo bajo su mando, que Fernando de Leyba es recordado. Y dadas las circunstancias del momento no es para menos pues nunca fue informado por sus superiores de la declaración de guerra contra Gran Bretaña ni del Decreto Real que mandaba hostigar a los súbditos ingleses.
Fiándose únicamente de rumores que le llegaban de viajeros y de los americanos en la otra orilla, concibió un plan para la defensa del pueblo. Trajo de un fuerte en ruinas cinco cañones que colocaría en cuatro torres que proponía construir en cada punto cardinal del pueblo.
A pesar de haber convencido a los habitantes de volcar en el proyecto 600 pesos en ahorros y mano de obra y de haber suplido él mismo 400 pesos de su propio bolsillo, los fondos fueron insuficientes. Pudo construirse solo una torre de piedra que Leyba hizo levantar en terreno alto al oeste de la ciudad, la bautizó con el nombre de su Rey y mandó colocar en ella los cinco cañones. Después, hizo construir dos trincheras para rodear con defensas el pueblo desde la torre, por el Norte y por el Sur, hasta el río. Mantuvo desde ese momento una guardia constante.
Cuando supo sin duda que un Ejército liderado por ingleses y formado por 900 indios y 300 canadienses venía en camino y se encontraba a 120 leguas (unos 480 km), aumentó su número de efectivos. Ordenó subir del pueblo de Sta. Genoveva los pocos soldados allí destacados con sesenta milicianos, y mandó venir de los bosques a los cazadores, con lo que aumentó su número a trescientos.
Se reunió con el oficial americano de Cahokia en la otra orilla para organizar una salida para encontrar al enemigo, acción que nunca llegó a efectuarse. Ya sabiendo que el enemigo estaba en las proximidades, mandó salir a reconocer la zona a dos partidas, una adelantada para dar la alarma y otra más próxima que pudiese volver a tiempo para defender el pueblo.
Gracias a las medidas tomadas por Leyba, el enemigo se halló con lo que no cabía esperar, pues ahora a San Luis lo defendía una fortaleza preparada con torre de piedra, cerramiento, cañones y una fuerza humana diez veces mayor de lo que había antes (y todo con un mínimo gasto al Real Erario). Fue hacia la una del mediodía del 26 de mayo, cuando el enemigo cayó sobre el pueblo de San Luis.
La resistencia desde las trincheras y los cañonazos desde la torre sorprendieron el Ejército atacante que abandonando su intención, soltó su furia en los campos de alrededor. Cinco horas de confusión y destrucción acabó con la vida de 50 bueyes y caballos y 21 personas. Siete resultaron heridos y en su retirada hacia el Norte desde donde habían venido, los asaltantes tomaron hasta 70 prisioneros.
En todo este tiempo, Leyba no pudo desembarazarse de la enfermedad que le aquejaba desde hacía meses y mientras observaba el asalto desde la torre (lugar a dónde le habían llevado sus hombres en silla de manos para dirigir la artillería) empeoraba gravemente en su enfermedad.
Pero el Capitán había prometido al Gobernador que ningún enemigo tomaría el fuerte sin pagarlo caro y se mantuvo firme para defenderlo. El día 8 de junio Leyba dictó su informe sobre el ataque de San Luis. Veinte días después, en la madrugada del 28 de junio de 1780, le sobrevino la muerte. Meses después, la defensa de San Luis fue declarada como un éxito en España con su publicación en la Gaceta de Madrid del día 16 de febrero de 1781.
También publicaron el ascenso póstumo de Leyba a Teniente Coronel en premio de sus logros y por su servicio en general y en particular por su vigorosa defensa de San Luis.
Lo cierto es que la victoria española en San Luis significó mucho más que la defensa de estos pueblos y sus gentes. Al bloquear el avance del enemigo por el valle del Mississippi, se mantuvieron a salvo los dominios de España en Norteamérica a la vez que se frustró el intento de los ingleses de crear un nuevo frente que los americanos no hubiesen podido defender.
Cuanto menos, tuvo consecuencias importantes para el posterior reparto de los territorios pues, como señala el historiador James Neal Primm, a pesar de su derrota final en Virginia, hubiesen tenido [los ingleses] un fuerte reclamo al territorio del Illinois en la conferencia de paz de 1783; y la frontera occidental de los Estados Unidos bien podía haber sido los Apalaches en vez del río Mississippi”.Por Kristine L. Sjostrom.
La recién creada Asociación Cultural sin ánimo de lucro ‘Fernando de Leyba’ ha querido como primer acto de la misma, conmemorar el día del nacimiento del Capitán Fernando de Leyba en recuerdo de este ilustre paisano. La Asociación tiene entre sus fines la promoción cultural y del Patrimonio Ceutí y mantiene como un primer proyecto el de erigir en la Ciudad de Ceuta un monumento a tan ilustre hijo de ella. Por ello espera contar con el apoyo de las instituciones en Ceuta y el de los propios ceutís.
Por otra parte la Asociación espera siempre también contar con el apoyo y la colaboración de la NSDAR-España, ya que entre sus objetivos están el de honrar a los españoles que participaron en la guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América, encontrar sus descendientes y mantener la conexión que entre ambas naciones se estableció desde el siglo XVIII. “El papel decisivo de España en el nacimiento de los Estados Unidos no ha sido reconocido suficientemente hasta la fecha y es un objetivo primordial de NSDAR”, señala Kristine.
Tendría que ser un orgullo para los ceutís y para los españoles, el que en la ciudad de San Luis del estado de Misuri en los Estados Unidos de América, se dedica una placa a Fernando de Leyba, conmemorativa de su hazaña en 1780. A ese héroe desconocido y en todo caso olvidado, la Asociación Cultural ‘Fernando de Leyba’ intentará mantener vivo su recuerdo. Asociación Cultural «Fernando de Leyba»
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Entrevista a Carmen Rojas BLOGCEUTA

 

Entrevista a Carmen Rojas (albidanza.com)

Cuando alguien tiene el placer de encontrase con Carmen Rojas queda sorprendido. Es difícil creer que estás ante una de la parejas de baile favoritas del gran Antonio el Bailarín. Y es que el tiempo más que doblegarla la ha acariciado.


Su conversación es muy amena. Carmen es de esa clase de personas que parece que las conoces de toda la vida aunque te las acaben de presentar. La vivacidad de su mente es contagiosa.


Y es que Carmen es como su danza, auténtica, generosa, graciosa, elegante y apasionada... Es su fuego interior el que ha vencido al paso de los años.


Emprender con ella este viaje por sus recuerdos es como abrir una página de momentos gloriosos en la historia de la Danza Española.



P.-¿Cómo te hiciste bailarina?


-He sentido la danza desde que tuve uso de razón, desde muy pequeña... Recuerdo que en Ceuta, cuando en mi casa las visitas esperaban a mis padres yo les decía, pues antes de que vengan mis padres les bailo un poco... ¡Ja, ja! Y me ponía a bailar.


Me iba a la feria, me ponía el traje y bailaba. En el Teatro Cervantes de Ceuta fue mi primera actuación. Bailé el pasodoble Manolete con el traje de comunión de mi hermano que me arregló mi madre... Fue en una gala benéfica que se hizo para recaudar fondos para los damnificados de Cádiz.


P.-¿Qué edad tenías?


-8 o 9 años.


P.-¿No fuiste a alguna escuela de baile?


-Ni a alguna ni a ninguna... Nunca fui. Bailaba porque lo sentía, y lo hacía como fuera y donde fuera por una especie de necesidad. Hasta que nos fuimos a Madrid.


P.-¿Cuándo vinisteis a Madrid?


-Yo tenía 15 años y ahí sí estuve aprendiendo unos meses en la academia María de Román. Gracias a esto tuve la primera experiencia profesional


Rafael de Córdoba vivía en esa casa, y entonces él tenía un contrato para Barcelona, y la maestra nos dijo a mí y a otras 3 niñas que si queríamos ir con él para adornar su espectáculo. Ese fue mi debut como artista.


Luego corrió la noticia de que Antonio Ruiz Soler estaba formando compañía (1952) y convocó audiciones. Yo estaba como loca de contenta.


A la audición me acompañó mi padre. Recuerdo que fue en un piso del barrio de Salamanca. Era la casa de Ana de Pombo, que era muy amiga de Antonio, una mujer muy carismática que había trabajado con Coco Chanel en París y era quien le confeccionaba los trajes a Eva Perón.


P-¿Cómo fue la audición?


-Yo no tenía ningún baile montado. Antonio me preguntó “¿Qué trae preparado?”... Nada le dije. También estaba Betty, que llevaba un montón de bailes del conservatorio, y yo nada, nada de nada. Sin embargo, Antonio me permitió improvisar y me contrató.


Entonces, mi padre se quiso hacer el interesante negociando las condiciones del contrato, pero no le dejé, yo estaba loca de contenta. Para mí bailar en la compañía de Antonio era un sueño, y no me importaba nada más...


P-¿Era la primera vez que te encontraste con Antonio?


-No, una vez él estaba actuando en el Teatro Fontalba de Madrid con Rosario. Fue la última actuación en la que bailaron juntos en Madrid. Y mi madre me dijo “te tengo que llevar para que te conozca”.


Ni corta ni perezosa me llevó al teatro, entró conmigo en los camerinos, se dirigió a Antonio y le dijo: “Yo le traigo a la niña para que me diga si vale, y así pues para que siga, o si no... “. Antonio pidió a un guitarrista que tocara, me hizo las palmas y yo bailé. Quiso recomendarme para los Chavalitos Sevillanos.


Más tarde, muchas veces me lo recordó. Se acordaba de la anécdota. Nadie podía entonces imaginar que íbamos a bailar tantos años juntos.


P- Y este encuentro se reprodujo en el cine. En la escena de la película “Luna de miel” en la que una madre le dice a Antonio que vea bailar a su hija y termináis bailando juntos.


-(Ríe). Es verdad, en la película que rodamos con Michael Powell, el director de las “Zapatillas Rojas”.


https://www.youtube.com/watch?v=ZDeYigl_XlI

P-¿Cuántas bailarinas formasteis parte de la primera compañía de Antonio?


-Al principio éramos 13 bailarinas. Debutamos en el Festival de Granada del año 1953. Yo estaba entusiasmada.


Además de cuerpo de baile me puso algunas cosas para solista como las danzas vascas.


P.-¿Cuándo te convertiste en primera bailarina?


-Él bailaba flamenco con otra bailaora, pero se marchó de la compañía y él vino a hablar conmigo, y me preguntó: "¿Te atreves a bailar conmigo?". Dije que sí, y no dudé. Yo en aquel momento me atrevía a todo.


Entonces, me puso a aprender las seguidillas con su hermana. Curiosamente, a Antonio no le gustaba ensayar el flamenco, a diferencia de sus ballets, que los ensayaba muchísimo.



P.-¿Por qué crees que no le gustaba a Antonio ensayar el flamenco?


-Porque se dejaba llevar por lo que sentía, por un sentimiento muy profundo, e improvisaba muchísimo. Además, no se iba a poner a ensayar conmigo que era una cría que acababa de llegar.


La primera vez que actuamos fue en el Castillo de Perelada. Y, no me olvidaré nunca, pasó una pequeña catástrofe en nuestra segunda actuación.


P.-¿Qué pasó?


-Fue nada menos que en Jerez de la Frontera.


Salimos a bailar las seguidillas. Yo tenía que dar una vuelta para la izquierda y el tenía que dar una patada y caer de rodillas. Pues me equivoqué y di la vuelta para el otro lado y le tiré al suelo con la bata de cola.


Yo, asustada perdida, pensé que había llegado el final de mi carrera, que me echaba sin remedio. La angustia se apoderó de mi. Pero en el corro final del espectáculo teníamos que bailar unos tanguillos. Entonces le vi que venía hacia mí con las cejas levantadas (que era el gesto que hacía cuando estaba enfadado), y nos pusimos a bailar. El público se puso a aplaudir de tal manera que tuvimos que hacer 2 o 3 bises. (ríe) El público me salvó. Y pensé, “bueno, al final de esto, no me echa”. Solo me reprendió levemente, “sabes que tienes que ensayar la patada de la bata de cola hacia la izquierda”, dijo.


P.-¿Qué papeles has interpretado con él?


-He hecho muchísimos, incluso la Molinera del Sombrero de Tres Picos y el Paso a Cuatro.


P.-¿Qué papel era el que más te gustaba bailar con Antonio?


-Mi preferido, "El zorongo gitano" de García Lorca.


También he disfrutado mucho con el Taranto que me puso en el 56. Esta pieza es la que he tenido el inmenso placer de montar para el Ballet Nacional de España. Sentí una alegría inmensa cuando Antonio Najarro me llamó. Es un amor de persona y está dirigiendo muy bien el Ballet Nacional de España.



Y se la monté a Esther Jurado, he disfrutado mucho con ella y hemos hecho muy buenas migas. Nos solemos ver con frecuencia.


P.-¿Qué has sentido con el Homenaje a Antonio Ruiz Soler del BNE?


-Imagínate. Ha sido uno de esos regalos inesperados que te ofrece la vida. Ha sido una ilusión grandísima rememorar a Antonio El Bailarín. Quiero aprovechar esta entrevista para darle las gracias a dos personas: a Antonio Najarro por haber concebido la idea del homenaje a Antonio Ruiz Soler, algo que nadie le había hecho hasta ahora;


Y también, a Emilio Martí por una exposición preciosa en Cádiz en el Conservatorio de Maribel Gallardo. Me regaló un vídeo precioso. Me emocionó muchísimo.


P.-¿Cuántos años has bailado con Antonio Ruiz Soler?


-Del 53 al 62 sin parar. Y tuve que parar porque me rompí el menisco y los ligamentos cruzados. Una pena.


Me lo rompí en Tenerife, bailando con Paco Ruiz la Jota de Albéniz. El público no lo notó pues fue en la zapateta final, bajó el telón y entonces, me fui al suelo.


P.-¿Cuantos bailarines de la primera etapa del ballet de Antonio quedan?


-Del 52 quedan Betty, Teresa, Laura Toledo, Paco Ruiz... De los demás, si viven no tengo noticias.



P.-¿Te repusiste de la lesión?

-Un año entero de operaciones, muletas... No había los medios de ahora en que una rotura de menisco se arregla muy pronto.

Luego cuando regresé ya no pude bailar la Molinera del Sombrero que estaba bailando antes de la lesión.

Pasado un año de convalecencia (1963) Antonio me llamó y me preguntó: ¿Quieres venirte a bailar para Kennedy? Y allá que nos fuimos...

P.-¿Tienes alguna foto con Kennedy?

-No, no dejaban hacerlas. Tengo con otros artistas muy famosos que conocí en aquel viaje.

Se conmemoraba el 2º aniversario de su presidencia. Y actuamos con los bailarines NY City Ballet, con Gene Kelly... Con esos sí tengo fotos. Antonio bailaba el Sarasate, luego las chicas y chicos hacían unas soleares, y terminábamos Antonio y yo con unos tanguillos.


Tuvimos muchísimo éxito. Después de la actuación me esperaba una sorpresa. Yo creía que iba a cenar con Antonio porque invitaron a las primeras figuras de la gala. Unos motoristas nos abrían el paso y llegamos nada menos que a la mansión del vicepresidente Johnson. Allí estaba Kennedy y su mujer, Jackie. Él vino a hablar conmigo. Y hasta recibí una carta suya. Aquí la tengo.


Era muy atractivo, más que guapo era interesante y con muy buen tipo. Estuvo hablando conmigo y me mostró gran interés por nuestra danza...


Fue una experiencia inolvidable. Aquí tengo fotos en los ensayos. Ésta con Kirk Douglas nos la tomaron mientras esperábamos los coches que nos llevaron a la cena.



En esta otra estoy con Yves Montand.



Esta es la tarta con la que se obsequió a Kennedy, estoy con Teresa Maizal, la esposa de Paco Ruiz.



P.-¿Cuándo empezaste tu propio camino sin Antonio?


-He bailado de forma independiente por todo el mundo. Hice muchísimas giras difundiendo la imagen de España en las Expotours del Ministerio de Información y Turismo. Luego en el 66 volví otra vez con Antonio para una gira por América y para rodar la Taberna del Toro.


El tiempo que he estado con Antonio han sido unos 16 años, aunque de forma intermitente. También tuve un grupo con Paco Ruiz.


P.-¡Qué bien te lo has pasado!


Muy bien, sí es verdad. Aquí estoy en el Radio City de NY. Los boys me subian encima de una bandeja, y yo movía los brazos como una odalisca hasta que me bajaban (ríe).


He tenido una vida maravillosa, y he conocido muchísima gente con la que he compartido con ellos momentos inolvidables.


P.-¿Te han dado muchos premios?


-Tengo la Medalla al Mérito Turístico, el Premio Viotti con Paco Ruiz, me dieron el individual y el de parejas, el Premio Nacional de Coreografía (1957), la medalla de la Ciudad de Ceuta y hasta pusieron mi nombre a una calle.



P.-¿Cómo ves la situación actual de la danza española?


-Pues pienso que después de un tiempo en que estaba todo muy dormido comienza a despertar nuevamente. Yo veo que ahora hay mucha afición, muchos conservatorios, hubo una temporada muy parada, pero creo que va superando ese bache.


P.-¿Qué aconsejarías a los que quieran dedicarse a bailar profesionalmente?


-Lo primero que tienen que tener es afición a bailar. Se tiene que bailar porque se siente, desde adentro. No puede uno ponerse a bailar como modo de obtener dinero o para viajar... Eso es algo secundario. No se debe nunca anteponer el dinero al arte. Por supuesto que tienen que ganar dinero, porque hay que vivir de ésto, pero que no piensen en ello como una meta.


Se baila con el cuerpo y con el alma.


MERCEDES ALBI



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